Maldita bolsa y maldito coronavirus

Publico este escrito en el contexto del estado de alerta para frenar la propagación del coronavirus, que ya es mainstream en todo el planeta. La cuarentena también ha aportado su granito de arena para ayudarme a la reflexión. Amigos y familiares me han preguntado sobre la situación económica y, como un opinador más, quiero dejar por escrito algunos pensamientos sobre la situación y cómo se está desarrollando.

En primer lugar, mis más sinceros deseos para las personas que lo puedan estar pasando mal estos días. A los enfermos, a sus familiares y amigos, así como todo el personal sanitario que lo está dando todo. También a las personas que abren sus establecimientos o siguen al pie del cañón (operarios de fábricas, transportistas …), para hacer de estos días excepcionales días de cada día.

Para los catastrofistas, quiero compartir algunas ideas. Pienso que nunca habíamos estado tan preparados como ahora para superar una situación de estas características. No sólo desde el punto de vista de los recursos de asistencia médica y de la investigación. Sino también en cuanto la difusión de la información – estamos informados en todo momento -, las nuevas formas de trabajo o las mil vías de comunicarnos nos hacen un confinamiento “agradable”.

Si que la propagación del coronavirus es un gran obstáculo en nuestra vida diaria, pero también nos brinda una oportunidad única para entender a cómo enfrentarnos a este tipo de situaciones. El final de todo ello aún no está escrito, pero a largo plazo estoy convencido de que esto quedará como un hecho marcado en los libros de historia que nuestros hijos y nietos tendrán que aprender de memoria. Como lo fue la famosa pandemia de gripe de los años 1918 y 1919.

En el terreno económico, “el efecto coronavirus” tendrá un impacto significativo a corto y medio plazo. De distintas dimensiones, en función de cada país. Dependerá de si estos han hecho los deberes en materia económica y de las medidas que tomarán para mitigar los efectos de la pandemia. Ahora mismo, como explica el inversor Ray Dalio en “The implications of hitting the hard 0% interest rate floor”, hay más variables que desconocemos de las que tenemos una certeza absoluta. Por esta razón, no estamos en disposición de predecir ningún tipo de futuro.

   
La maldita bolsa

Para los que tienen unos ahorros invertidos y están viviendo la caída imparable de los últimos días de las bolsas quiero compartir un comentario: los mercados financieros SIEMPRE bajan en ascensor (y suben por las escaleras).

Las causas que han provocado el hundimiento de estos últimos días son distintas de otros cracks recientes, pero la dinámica es la misma. La bolsa cae en picado, pero sube poco a poco. Mientras que raramente se han registrado subidas por encima de un 15%, el pánico de los inversores provoca la retirada de fondos, que se traduce en caídas de portada de periódico. La tormenta provocada por la tragedia es más intenso que la euforia. En cambio, por extraño que parezca, los mercados financieros registran más sesiones con beneficios, que con pérdidas.

Antes de este escenario de pánico, el recorrido de los índices bursátiles era espléndido. Tanto, que incluso había merecido más de un comentario en los resúmenes trimestrales y anuales de mi cartera de inversiones. Esto no era normal.

Hay dos motivos para comprender los rendimientos fantásticos de las cotizaciones. En primer lugar, las empresas iban hinchadas de financiación, por la política de bajos tipos de interés y la inyección de liquidez. Mientras que en Estados Unidos este escenario había comenzado a quedar atrás, en Europa aún se mantenía con tipos por debajo cero. Por otra parte, las expectativas de crecimiento legitimaban las cotizaciones desorbitadas de muchas empresas. Si la empresa “X” había crecido tanto durante el año 2019, en 2020 tenía que hacer lo mismo más un X% de más. Y eso era condición sine qua non.

El parón provocado por el coronavirus implica un choque en la oferta de servicios y productos, que no esperábamos. Al contrario que otros cracks bursátiles recientes, los parqués caen al ritmo que los inversores nos han puesto en cuarentena. Confinados en casa, hemos reducido la demanda de productos, estamos obligados a teletrabajar y vemos que las acciones de todas las empresas caen. No consumimos, no gastamos, y algunas empresas ya han comenzado a implementar medidas para que sus trabajadores tampoco cobren.

Por supuesto, no tenemos las herramientas para saber cuánto tiempo durará esta pausa, ni qué consecuencias tendrá en la economía. En la bolsa, las cotizaciones se están moviendo al ritmo de esta incertidumbre y ahora mismo no hay ninguna valoración que justifique un precio u otro.

Para demostrar cuán estúpido es el mercado os quiero explicar el caso específico de Acacia Communications. Se trata de una empresa tecnológica que fue adquirida por 70 dólares por acción por Cisco, durante el año 2019. La operación no se ha ejecutado y los inversores de Acacia no hemos recibido aún la conversión de los títulos en pago, pero las probabilidades de que acabe realizando es de casi un 100%. Pero, después del pánico de estos últimos días, la cotización ha caído hasta 62 dólares. Esto equivale a un rendimiento de un 12% casi asegurado por una situación de arbitraje!

La explicación de estas tonterías es en la reducción del patrimonio de los fondos de inversión y otros vehículos de este tipo. Los clientes han reducido su exposición a los mercados financieros y los reembolsos han provocado que los gestores equilibren los fondos. No pueden tener más acciones en un lugar que otro. Si venden títulos de Apple, también venden Microsoft, AT&T y McDonalds. Aunque cada empresa viva los efectos del coronavirus de maneras muy diferentes. Cuando el mercado cae, lo hace para todas las cotizaciones. Y no tiene miramientos.

Según lo explica muy bien el autor de Value and Opportunity, disponer de dinero en efectivo en este momento es un tesoro. Tanto para hacer frente a la situación económica personal, como para encontrar oportunidades de inversión provocadas por estas caídas.

¡Atención! Con esto no quiero decir que es el momento de comprar acciones desbocadamente. No sabemos nada. Ni cuánto durará todo ello, ni cuántas empresas deberán bajar la persiana. Sólo podemos desplegar hipotesis de situaciones, que ni los mismos empresarios saben con seguridad que sucederán.

Siguiendo con el artículo de Value and Opportunity, los inversores que tienen acciones en caída libre deben valorar cuáles son las empresas que disponen de las características necesarias para afrontar una crisis. Las que tengan un bajo nivel de apalancamiento, altos márgenes de explotación, rendimientos fantásticos de sus inversiones y ventajas competitivas sostenibles a largo plazo.

Hay negocios, con más de cien años de historia, que han superado dos guerras mundiales, enfrentamientos civiles, además de miles de transformaciones internas que les han puesto contra las cuerdas. A Coca-Cola los intentaron cerrar el chiringuito por su sospechosa fórmula a principios del siglo XX. ¿Como será que no supere un estado de alarma como este?

Debemos valorar si estos son los tipos de negocio que tenemos en cartera. Y también valorar si las que no lo son, las deberíamos descartar.

Más adelante, cuando los mercados logren tranquilizarse, con los datos en la mano podremos empezar a valorar si es el momento para volver a acumular posiciones. Ahora, de momento, con esa calma que nos ha empezado a rodear es un buen momento para leer y entender cómo se desarrollan los acontecimientos. No nos queda otra opción. A veces, no hacer nada, es la mejor de las decisiones.

Como es habitual, y para no perder los hábitos, el resumen de mi cartera lo dejo para finales de trimestre. Por otra parte, como ya hacen otros profesionales, he decidido dejar abierto este escrito a preguntas o cuestiones de todo tipo. Si hay cualquier persona que considere que tiene una duda, intentaré resolver con la mejor voluntad posible. Sin ningún tipo de compromiso.

Un abrazo a todos y todas!

 

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