Carbures, el camino del MAB hacia Airtificial – Segunda Parte

Había un romance entre la comunidad financiera y las empresas de crecimiento durante el primer semestre de 2014. Era una historia de amor sin precedentes que se reflejaba en foros de inversión, blogs, mensajes de Twitter y vídeos de Youtube. Si el Alternativo era el lugar de moda, la mayoría gritaban “vamos Gowex!”. Y si algo tenía que frenar este desenfreno, sería un documento de 93 páginas titulado “Let’s Gowex: a Pescanovan Charade”.

Una autor anónimo escondido detrás del nombre de Gotham Capital publicó un análisis donde valoraba Gowex a 0 euros. No había piedad para la compañía, que la etiquetaba como estafa. Esto ocurría un lunes, 1 de julio de 2014. Gotham tenía como objetivo beneficiarse del hundimiento de la cotización, pero ponía contra la espada y la pared la compañía de wifi de Jenaro García y también al Mercado Alternativo Bursátil.

No era un objetivo fácil. Había pocas voces que dudaban públicamente de Gowex. El resto la aclamaban. Y, no hacía ni quince días, Beka Finance le había dado un potencial para crecer un 67%, en su último informe.

Se declaró la guerra! La comunidad financiera se tiró rabiosa contra Gotham, el profeta del apocalipsis: Dijeron que era un informe mal hecho. Que se tenía que aclarar quién era el autor de todas aquellas mentiras. O, como decía José María Huch, a través de un escrito en Gurusblog, el informe estaba “plagado de errores evidentes, de información retorcida de forma tendenciosa y parece grotescamente manipulado para llegar a una conclusión a la que es imposible llegar con la información que exponen”.

Los inversores fueron los primeros en reaccionar, pues el informe había tocado su bolsillo y también su amor propio. Después de estos, le tocaba el turno a la cotizada. La defensa de la directiva de Gowex fue un hecho relevante estructurado en cuatro puntos. Exponían que el informe publicado era falos y que pondrían en marcha toda la maquinaria legal.

Durante la primera semana de julio predominó la confusión. Las acciones legales que había prometido la cotizada no llegaban, pero si que pidieron a PwC la revisión de sus cuentas. La reacción del parqué hundió la cotización. BME decidió suspender la negociación a media semana y la Comisión Nacional del Mercado de Valores (CNMV), por su parte, investigaba a Gotham Capital.

No pasaron ni cinco días y llegó el fin de semana, con una agenda más que llena. El consejo de administración de Gowex se reunió el sábado. Y, los inversores, supieron durante la madrugada del domingo lo que se había cocinado en aquellas oficinas. En un comunicado de una página Gowex reveló que “las cuentas de la Sociedad de, al menos, los últimos cuatro años no reflejan su imagen fiel, atribuyéndose [Jenaro García] la autoría de esta falsedad”.

Las especulaciones que había hecho Gotham Capital eran verdad. Tanto las hipótesis sobre las prácticas contables de Gowex, como las dudas relacionadas con las presentaciones de sus resultados: todo era un engaño.

Pero había otros puntos polémicos del informe que afectaban a otros actores. Uno de ellos lo dedicaba al parqué de las smallcaps: “El MAB es similar al AIM de Londres y al pinksheet/OTC de Estados Unidos, y estos dos están llenos de fraudes.” Esta afirmación acusaba a la naturaleza del Mercado Alternativo, a Bolsas y Mercados Españoles por organizarlo, así como también al resto de cotizadas que participaban.

BME replicó inmediatamente con una nota de prensa dónde recordaba las virtudes del MAB y su función potenciadora de negocios pequeños. También afirmaba que los errores de una compañía no tenían porque replicarse. Por su parte, la mayoría de cotizadas mantuvieron un perfil bajo y se mantuvieron al margen de este escándalo. Otras cotizadas como Altia apoyaron el alternativo.

Y, en cambio, compañías como Carbures convocaron una junta de accionistas extraordinaria para trasladar sus acciones al Mercado Continuo. Para ellos, ya era hora de irse de aquel lugar infestado por la desconfianza.

La aventura de hacerse mayor

El Mercado Continuo es el objetivo de muchas cotizadas que participan en el MAB. No basta con hacerse mayor, el cambio de parquet está lleno de significado. Los negocios son más visibles en la bolsa tradicional. Allí las normas son más estrictas, pero lo compensa la capacidad de acceder a más público. También existe la posibilidad de formar parte del Ibex-35, de la cesta de fondos de inversión, de family office o de otros grupos institucionales.

En medio del escándalo de Gowex, Carbures convocó una junta extraordinaria para irse del MAB. Era un decisión que la empresa había sido tanteando durante mucho tiempo, pero ahora corría prisa. No sólo serviría para dejar atrás un entorno complicado, sino que también cubrirían una ampliación de capital de 60 millones de euros.

El coordinador de la salida bursátil sería Renta 4 – que lo sumaba a sus tareas de asesor y analista – le acompañarían el BBVA, Beka Finance, Inversis y Mirabaud, entidades encargadas de colocar las acciones nuevas.

La decisión del grupo de composites estaba apoyada por su dimensión bursátil. Esta estaba por delante del resto de cotizadas alternativas. El 30 de junio de 2014, el mercado valoraba en 553 millones de euros a Carbures. Sólo la superaba Gowex, capitalización que se convirtió en humo en cuestión de días. Por detrás se quedaban MásMóvil, Ebioss y Medcomtec. Cada una valía alrededor de los 100 millones de euros.

El volumen de ingresos de Carbures era el segundo elemento que la diferenciaba. Hasta unos meses anteriores, los contratos que había firmado con diferentes clientes, eran de poca envergadura. En la mayoría de ocasiones, no informaba ni del presupuesto. Pero el contrato firmado con la china Shenyan Hengrui, anunciado el 1 de julio, transformó drásticamente su volumen de ventas.

Con motivo de este nuevo cliente, la cotizada modificó de nuevo la previsión de ingresos y beneficios para el año 2014, que pasaba a ser de 97 millones de euros. Estos datos demostraban el optimismo en el negocio, pero también reflejaban unas cuentas que habían sido adulterados por la creatividad contable. A partir de este momento, se notó explícitamente la imagen distorsionada que daba Carbures de la realidad de su negocio.

   
El contrato de Carbures con Shenyan Hengrui

El contrato con Shenyan Hengrui era relevante para Carbures, pero también complejo. Según el anuncio, la operación consistía en la construcción, envío y puesta a punto de siete lineales en la China. Se trataba de vender tecnología, obtenida a través de la adquisición de Mapro, y que serviría para la producción de estructuras de fibra de carbono. La compañía también indicaba que cobraría de Shenyan los royalties por el uso de su know-how.

El problema principal del contrato es que implicaba un proceso largo de producción. Era maquinaria industrial, que tenía que llegar a la otra punta del planeta, a través de una ruta marítima. En un contexto tradicional, los ingresos para la entrega de estos lineales debería completarse en cuestión de dos años. Y, según las normas contables, el registro de la venta debería hacerse a medida que llegaran los barcos en el puerto.

Carbures presentó sus estados correspondientes al primer semestre y demostró de nuevo su optimismo. A los resultados se sumaron 19,6 millones de euros correspondientes a las ventas de estos lineales. Aunque el contrato con Shenyan lo había firmado el 1 de julio y las máquinas todavía tenían que salir de la fábrica!

La dirección justificó esta decisión indicando que el 30% de los lineales ya se habían completado. Aunque el contrato se publicara el segundo semestre. Sin tener en cuenta que la división de lineales (Mapro) había sido adquirida aquel febrero. Ni que el cliente era una empresa china con ningún tipo de garantía (y que, además, nunca llegaría a adquirir todo el paquete!).

Pero, la dirección de la compañía opinaba que lo más coherente era considerar que un tercio de toda la maquinaria ya se había vendido.

Debo indicar que la normativa del MAB de aquellos momentos permitía difuminar este tipo de métodos contables. Estos números no pasaban por el auditor, ya que sólo estaban obligados a supervisar los resultados anuales. Nadie contrastaba con la empresa la coherencia contable de las cuentas de los primeros seis meses del ejercicio. El informe debía presentarse, eso si, pero el estilo era más bien “libre”.

Por esto, la mayoría de empresas remitían al regulador las cuentas semestrales abreviadas. La mayoría se limitaban a informar de la cuenta de resultados, con cierre el 30 de junio. Esta estaba formada por el acumulado de las ventas, los costes operativos, los costes fijos, y el (maldito) EBITDA. El accionista estaba informado de una parte de la evolución de la compañía. En cambio, no tenía ni idea de cuánto costaba todo aquello, según las deudas o la inyección de recursos propios, ya que faltaba por conocer el balance.

En el caso de Carbures, si el inversor hubiera dispuesto de la información auditada habría podido hacer una casación entre la cuenta de resultados con los flujos de efectivo. Con la comparación de los dos habría llegado a la conclusión de que los más de 100 millones de euros que la compañía tenía previsto ingresar el año 2014, se escapaban por otros lados.

El auditor dice la suya

Parece mentira que se arreglaran las cifras, sobre todo en las inmediaciones del traslado de las acciones a otra bolsa. Carbures ocultaba a propósito muchos datos imprescindibles en los hechos relevantes y en los resultados semestrales. La dirección hacía números de ilusionismo para que los inversores creyeran lo que los querían hacer ver. Aunque sabían que los reguladores serían escrupulosos cuando los tocara hacer el traslado del Alternativo, empezando por el auditor.

No hay una norma escrita donde se diga que cotizar en la bolsa española sea más difícil. O sea más estricto. Pero las exigencias son elevadas y detrás hay un supervisor (la CNMV), que no es el mismo organizador del mercado. La información requerida a las cotizadas es constante y los plazos son más ajustados.

Hay otro detalle que demuestra el cambio de las reglas de juego. Todos los saltos del MAB al continuo han sido precedidos por modificaciones en los estados de cuentas. Pasó con MásMóvil y también con Grenergy. A las dos compañías les tocó modificar algunos puntos, que habían pasado inadvertidos durante su época de compañías de crecimiento. Podríamos decir que el auditor es más exquisito cuando debe firmar ante la CNMV.

PwC se mostró también más escrupuloso cuando le tocó su turno con Carbures. Aunque hubiera sido el auditor de la compañía durante años, ese mes de octubre de 2014 alertó de algunos métodos contables que daban una imagen distorsionada de la compañía. Se trataba de los resultados correspondientes a 2013, que el mismo PwC ya había aprobado y firmado. Ahora resultaba que tenía discrepancias con la dirección de la compañía para aprobar de nuevo, y presentarlos al regulador.

Carbures emitió un comunicado a la bolsa, que sería el preludio de su caída. En este documento la compañía informaba de diferencias con PwC por el registro de diferentes partidas contables. Una estaba relacionada con el contrato con Shenyan, para las cuentas del 2014. La otra era porque utilizaba empresas del grupo, como terceras partes, para aumentar el registro de ventas. Si se aplicaban todos los ajustes recomendados por el auditor, el volumen de ingresos de la cotizada del año 2013 se reducía a la mitad y cerraba el ejercicio con pérdidas.

En el contexto del MAB entonces, estas acusaciones eran muy graves. No sólo porque dilapidaba los resultados de Carbures. El modus operandis de Gowex para ejecutar su estafa también incluía la utilización de terceras partes para elevar sus ingresos. ¿Se repetía la misma historia?

Carbures utilizó Ansal Procons (administrada por Rafael Contreras) para sumar 5,36 millones de euros a las ventas. Esto se supo más adelante. La compañía cobraba de Ansal para vender material de construcción, y se registraba en los estados que enseñaba a los inversores. Ansal, por detrás, utilizaba este material para construir las instalaciones de Carbures de la Zona Franca de Cádiz, donde tenía un contrato de alquiler de 30 años.

Las dudas del auditor tenían que resolverse antes, pero el comunicado encendió las alarmas de BME. En estado de alerta por la situación vivida durante los últimos meses, suspendió indefinidamente la cotización del grupo. No había ninguna previsión de retorno a la normalidad y el lema era: “hasta que se aclare”. Entonces, mientras los ejecutivos de Carbures se tiraban los trastos – entre defensores de Tarragó y el bando de Contreras -, los inversores no les quedaba sino resignarse de nuevo.

La ilusión de irse al Mercado Continuo se había transformado en una parálisis en seco en el Mercado Alternativo. Y, además, el levantamiento de la suspensión no representaría ninguna solución a los males escondidos de la compañía.

Continuará…

Este texto forma parte del conjunto “Carbures, el camino del MAB hacia Airtificial”. Formado por los siguientes posts:

Carbures, el camino del MAB hacia Airtificial – Primera Parte

 

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