Crónica de la burbuja de Internet del 2000

La burbuja de Internet y su explosión fue la más romántica (y fascinante) de las historias financieras de los últimos años. Como lo fue la manía por los tulipanes, que vivió la población de los países bajos durante la primera mitad del siglo XVII. Si a nosotros nos parece ridículo que se especulara para cultivar flores, es probable que nuestros bisnietos tampoco entiendan qué sentido tenía comprar y vender acciones de páginas web.

Este texto nace como una reforma de un artículo inicial, dónde hice un breve resumen del libro “Bull! A history of the boom and bust” de la autora Maggie Mahar. Mientras que esta se concentrava en explicar toda la hsitoria de los mercados financieros, desde los años 50 hasta a principios del 2000, mi intención es explicar el contexto y la lógica de la burbuja de Internet.

Quieres recibir todas las novedades de The Money Glory?

* indicates required

En el año 2000 el índice Nasdaq llegó a registrar máximos en los 5.132,52 puntos, multiplicándose por 5 desde 1995. A partir de entonces, la cotización de las acciones que lo componían empezaron a caer en picado. Los nombres de moda como Yahoo!, Worldcom o AOL, abandonaron también sus máximos y el selectivo, que reflejaba la nueva economía de Internet, tardaría más de 15 años en superar este nivel.

Desde la perspectiva actual es difícil comprender esa euforia. ¿Por qué poner dinero en negocios que no vendían nada? ¿Qué tenía de especial un “servidor de Internet”, si ahora ya no sirve? Aunque parezca imposible, los inversores siguieron la lógica absurda de los mercados.

El catalizador: Internet

El concepto “Internet” empezó a sonar a mediados de la década de los 90. Aunque hacía años que se había desarrollado, fue entonces cuando la gente de la calle empezó a oir hablar de las “páginas web” o el “e-mail”. En algunas ferias de tecnología como el SIMO, que se celebraba cada año en Madrid, los stands más revolucionarios eran los que ofrecían a los visitantes diferentes ordenadores para “navegar por la red”.

Esto era completamente nuevo. Nos parecía increíble que pudiéramos escribir un texto en un teclado, pulsar una tecla, y que una persona en la otra punta de planeta pudiera leer. Aunque, al final, acabábamos escribiendo mensajes por los amigos que vivían al otro lado de la calle. Pero esto también lo encontrábamos alucinante!

También era revolucionario el hecho de poderte informar de cualquier cosa; nos descargábamos documentos de la Casa Blanca, de la CIA. A partir de un “www.” y cualquier cosa que nos pasara por la cabeza, obteníamos lo que queríamos. Era la nueva era de la información.

La suma de tantos y tantos datos desorganizados provocó el nacimiento, casi natural, de directorios que ordenaban la red. Primero eran sitios de investigación, que te clasificaban diferentes páginas web, según su temática. Más adelante, estos directorios se convirtieron en “portales” cargados de información. Se consideraban la entrada imprescindible en Internet, donde además de una biblioteca de páginas, también ofrecían otros servicios virtuales: chats, correos electrónicos, foros de discusión…

Portal Yahoo!

Portal de Yahoo! en los años 90

 

Debido a la visibilidad de estas nuevas plataformas virtuales, su fama se catapultó inmediatamente a nivel internacional. Algunas de las pioneras fueron Yahoo!, Excite, Magellan, Altavista, Lycos e Infoseek. A nivel español, Terra fue la más famosa, aunque nació con el nombre castizo de “Olé”.

Entrar en la red (o al hiperespacio) requería otros recursos, indispensables para navegar. El ordenador por supuesto, pero también lo eran las aplicaciones que se tenían que instalar, así como las telecomunicaciones que hacían posible las conexiones. Mientras que los fabricante como Compaq o Dell ponieron la parte física, Microsoft fue sin lugar a dudas el líder en el sector del software.

Este despliegue de nombres, poco a poco se hicieron un lugar en nuestras casas, y también lo hicieron en las bolsas. Era una industria en expansión, destinada a cambiar muchas vidas y muchos puestos de trabajo. Era evidente que si eras un inversor con ganas de apostar por negocios con buenas expectativas de crecimiento, era el lugar ideal donde poner los ahorros.

Los negocios de Internet

La revolución tecnológica primero nos colocó el ordenador en nuestras casas. Del despacho de los ejecutivos, la computadora se hizo un lugar, poco a poco, en todos los hogares. Según Bill Gates, “un ordenador para cada familia” fue la visión fundamental que le incentivó a desarrollar el sistema operativo Windows. Había otros, como el iOS de Apple, pero sin ningun tipo de duda la mayor cuota de mercado se la llevó Microsoft.

En el año 1995, la empresa de Gates lanzó la versión mejorada del sistema operativo: el Microsoft Windows 95. Como si se tratara del principio de las rebajas de enero, la gente hacía cola en establecimientos que vendían el último grito en sistemas operativos. Microsoft vendió 40 millones de licencias, solo en el primer año después de su lanzamiento. Y, al Windows 95, el precedieron más versiones: desde el Windows 98 al Windows 10.

Los ingresos de la compañía eran tangibles y Bill Gates pasó a ser la persona con la mayor fortuna del planeta. Entre los años 80 y 90, Steve Jobs (Apple), Larry Ellison (Oracle), Marc Andreessen (Netscape) o Michael Dell (Dell), fueron algunos nombres que aparecieron constantemente en las primeras págines de las revistas de negocios y de nuevas tendencias en tecnología.

Steve Jobs & Bill Gates

Steve Jobs & Bill Gates

 

A pesar de su glamour, la mayoría de compañías de estos magnates de la industria contaban con un modelo de negocio tradicional. El que clasificaríamos como “vieja economía”. Aunque se trataba de desarrolladores de software o hardware, en la caja entraba dinero porqué desarrollaban un producto u ofrecían un servicio. El cliente pagaba y, en cambio, se quedaba con un CD-Rom con una aplicación de retoque fotográfico, por ejemplo.

Más difícil fue comprender cuando Internet y sus plataformas entraron en acción. eBay era una casa de subastas, pero ¿qué porcentaje llegaba a ganar de la genta que compraba y vendía cosas? Yahoo! tenía un portal, con muchos anuncios pero también con muchos servicios. ¿Cuánta gente debía apuntarse para llegar a tener beneficios?

La respuesta a estas preguntas tenía menos relevancia en comparación con los motivos de peso para apostar en estas compañías. En primer lugar, los inversores disponían de dinero, gracias a las políticas expansivas de la Reserva Federal, liderada por Alan Greenspan. Por otro lado, la lógica del mercado era: sí había tanta fortuna en el sector tecnológico, la fiesta tenía que seguir durante una buena temporada.

La burbuja y la fiesta de los números

Los mercados acumularon casos de éxito, basados en el nuevo invento, y la euforia se hizo evidente. Cada día la burbuja se alimentaba de una noticia de un nuevo rico, una nueva compra millonaria, un Elon Musk que vendía su página web a una gran corporación, o de algún grupo de jóvenes que inventaba un nuevo aparato en otro garaje.

Si Microsoft había vendido millones de licencias del Windows, American Online (AOL) se convirtió en el servidor líder que daba acceso a Internet. Antes que las telefónicas cogieran el relevo, la tarea de conectar a los usuarios a la red estaba a cargo de los ISPs (Internet Service Providers) independientes. Además de navegar, la oferta de estos players estaba diversificada en servicios de correo, hosting de páginas web o acceso a grupos de noticias.

En el año 2000, AOL sumaba 25 millones de suscriptores y 100 millones de usuarios tenían acceso a sus servicios. El lema de Steve Case, su consejero delegado, era “hazte grande rápido”. Y así lo hizo, entre el año 1995 y el año 2000, los ingresos del grupo se multiplicaron por diez y su cotización creció un 285% medio anual!

Pero en esa época dorada también se escondieron algunas realidades incómodas. Según el libro Bull!, muchas empresas usaron “trucos contables” para incrementar artificialmente sus beneficios. Así, su crecimiento era constante y siempre al alza. Howard M. Schilit y Jeremy Perler entran en los detalles de las manipulaciones contables de esta época en el libro “Financial Shenanigans. How to detect accounting gimmicks & fraud in financial reports”.

AOL es uno de los ejemplos de cómo la burbuja tecnológica se hinchó con la contabilidad creativa. El proveedor de Internet recurría a lo que se conoce como capitalización de costes, con el objetivo de reducir el impacto de los gastos y elevar los beneficios netos de cada trimestre.

Sí a AOL le costaba 40 dólares adquirir un nuevo usuario – dónde se le sumaba la publicidad y distintos costes iniciales -, este gasto se distribuía el gasto a lo largo de todo el año, en lugar de hacerlo cuando salía el dinero de la caja. La empresa justificaba este modus operandi porqué la amortización se imputaba en la contabilidad a medida que el cliente usaba sus servicios. El problema principal es que el tiempo de vida promedio de la mayoría de usuarios era de menos de un año. Pero, en la contabilidad, los costes perduraban todo el año. Este fue uno de los instrumentos contables que permitían a AOL aumentar el resultado de explotación, mientras duró la burbuja de Internet.

Otra práctica habitual durante esa época fue el uso de los ingresos no recurrentes para hinchar los resultados. Las cotizadas usaban los movimientos excepcionales, como un ingreso puntual. IBM, por ejemplo, registró un beneficio extraordinario de la venta de un negocio, por 4.000 millones de dólares, que camufló las pérdidas de todo un ejercicio.

Por otro lado, durante los 90 también se pusieron de moda las “stock options”. Consiste en el pago de un porcentaje del salario de los ejecutivos en opciones de compra de las acciones de la compañía. Esto permitía compensar a los empleados, sin deteriorar directamente la cuenta de resultados. Aun así, el ejercicio de las stock options requería emitir nuevas acciones, que se traducía en la dilución de los beneficios entre los inversores. Además, para disponer de autocartera, la empresa debía dirigirse al mercado a comprar los títulos a precios de escándalo.

A diferencia de las empresas tradicionales como IBM, en la burbuja de Internet había modelos de negocio que tenían fecha de caducidad. American Online era una ISP, que tenía los días contados porque se acercaba la inminente oferta de banda ancha de los operadores de telecomunicaciones. Esa amenaza, y gracias a la capitalización bursátil, es lo que condujo a la mega fusión entre AOL y Time Warner, una operación valorada en 350 mil millones de dólares, según indica Robert F. Bruner en “Deals from Hell. M&A Lessons that rise above the ashes”.

“La primera empresa de la era de Internet y las comunicaciones” bautizó la nota de prensa emitida por las dos multinacionales. Recuerdo que en la fotografía, Ted Turner y Steve Case encajaban la mano, en la que se llamó la primera fusión sin corbata! Años más tarde, el acuerdo resultó ser pésimo, sobre todo para Time Warner. La prensa recapituló y pasó a llamarlo “el peor acuerdo de la historia” o, simplemente “el más grande y más estúpido momento de toda aquella era”.

Este probablemente fue el colofón de la era de Internet. Que el Nasdaq explotara en la cifra de los 5.132,52 puntos es inexplicable. Tanto, como entender que un día los holandeses se levantaron y dejaron de querer a los tulipanes. O, al menos, ya no los consideraban una fuente de deseo o valor. A principios del 2000 aquella generación se dio cuenta de que una plataforma de Internet, llena de anuncios y banners que inundaban la pantalla, no tenía por qué ser una fuente de riqueza.

Más adelante aparecerían nuevas formas de hacer negocio, en el retail (Amazon), la búsqueda de páginas (Google / Alphabet), las nuevas redes sociales (Facebook) o, incluso, en el entretenimiento online (Netflix), pero ya sería la historia de otra burbuja…

 

This post is also available in: Catalán

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

You may use these HTML tags and attributes: <a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Copyright © 2014. Created by Meks. Powered by WordPress.