Cartera Valkyria Marzo 2019: Resultados de las acciones

La cartera Valkyria cerró el primer trimestre de 2019 con un incremento de un 6,03%, comparado con una subida de un 12,59% del Standard & Poor’s 500 y un 8,20% del Ibex-35. Antes de impuestos, la cartera registra un rendimiento acumulado de un 23,93%, desde el 1 de enero de 2012.

A día de hoy la cartera de inversiones Valkyria está diversificada en distintos sectores de los Estados Unidos y España. De estos, destaca el entretenimiento y las comunicaciones: Madison Square Garden Networks, WideOpenWest, Cable One, IDT i Sirius XM. La tecnología y la biotecnología también tienen un peso específico con Finjan Holdings, Rafael Holdings y PayPal. Complementan la cartera las empresas del sector retail FootLocker y Weight Watchers. Las compañías industriales DNow, Garrett Motion y Miquel y Costas. Y, finalmente, una participación en el conglomerado Berkshire Hathaway.

Durante el primer trimestre del ejercicio 2019 el rendimiento correspondiente solo a la cartera de acciones empresariales ha sido de un 15,28%. Rafael Holdings ha sido la empresa que ha registrado un rendimiento más elevado (63,97%), mientras que la evolución de Miquel y Costas ha sido la peor (-6,12%).

Miquel y Costas es la incorporación más significativa, seguida por la empresa Weight Watchers, abanderada por Oprah Winfrey. La única venta del período fueron las acciones de Big 5 Sporting Goods, como consecuencia de una revisión profunda del perfil del equipo gestor, que acabé etiquetando con un único adjetivo: horroroso.

Durante estos meses también he localizado algunas operaciones de arbitraje atractivas, que están pendientes de cerrarse. Se trata de un terreno nuevo que, debido a su fase de desarrollo, no quiero desvirtuarlas explicando todos sus detalles.

Revisión del cálculo de resultados

En cada presentación de resultados, a través de estos escritos, me he desmoralizado poco a poco. Es fácil fijarse: las pequeñas valkyrias siempre se quedan detrás de todos los famosos índices bursátiles. Y me pregunto: ¿Cuál es el motivo que siempre – casi siempre – el señor Standard & Poor’s y los 500 mosqueteros lo hagan mejor que yo? ¿Cuál es la fórmula secreta que hace años que se me escapa?

La pregunta, aunque era acertada, no encontraba solución. La verdad es que nunca le había dado demasiadas vueltas, ni le había buscado su sentido. No fue hasta estos últimos meses, cuando dediqué un intensivo a leerme todas las cartas de Warren Buffett a los inversores de Berkshire Hathaway. Leyendo estos informes, las reflexiones del joven Buffett hicieron reflexionar un poco al joven Joanett (y así, amigos, es como se hace un chiste malo y friki a la vez).

En los artículos trimestrales, el primer porcentaje de la cartera Valkyria que publico corresponde a las variaciones que sufren el extracto de mi cuenta de valores, dónde acumula una parte de mis ahorros. En esta cuenta hay principalmente dos tipos de activos: acciones empresariales y efectivo. No es una cartera sofisticada.

Históricamente, más de un 40% de esta cuenta es efectivo disponible, por lo que pudiera pasar.

Este comportamiento lo relaciono con el trauma que sufrí con mi primera inversión. Era el año 2001, cuando pagué un total de 600 euros por unas acciones de Microsoft. (Hacía muy poco había leído Camino al Futuro). Entusiasta, a la vez, me estaba mirando los precios de los modelos de BMWs que me podría comprar con los futuros beneficios. Tenía la total convicción que hacerlo bien era increíblement fácil y, por otro lado, pensaba que la idea de invertir en la empresa de Bill Gates, no lo había hecho nadie más.

Entonces, con 19 años, por no tener ni tenía carné de conducir.

Abrí una cuenta de valores y los 600 euros fueron todos, íntegramente, a la empresa del Windows. No tuve en cuenta que debería pagar un montón de comisiones: comisiones para mantener la cuenta, para mantener las acciones, para las comisiones de la operación…

Mi entrada como inversor de Microsoft también coincidió con una “serie de catastróficas desdichas”: la cotización se redujo y entró en un sueño profundo que duró años. La macroeconomía se conjuró contra mí y el precio del dólar cayó en picado. Y, por supuesto, las comisiones seguían perforando la cuenta. Situación que yo debía cubrir continuamente añadiendo más dinero en efectivo.

Desde entonces, tengo dos cosas muy claras:

  1. Cuesta menos hacer una previsión de costes, que estimar los ingresos futuros
  2. Las cotizaciones reaccionan mal a mis decisiones

Por este motivo, mi cuenta de valores ahora siempre va sobrada de efectivo. Por lo que pueda pasar.

Sé perfectamente que es un comportamiento que se estrella directamente con las teorías que buscan la eficiencia en una cartera de valores. Si yo conservo un 40% de cash, los gestores de fondos de inversión no superan un 10% de efectivo. Pero ellos están obligados a hacerlo y yo no.

El resultado visible de esta decisión es que el capital asignado a las operaciones bursátiles crece a un ritmo mucho más pausado. Este trimestre, los rendimientos sumaron la mitad de lo que hicieron los índices. En cambio, si el cálculo sólo la aplicamos a la inversión en acciones, este creció un 15,28%. Esto significa que las pérdidas totales de la cartera también serán un 50%? En absoluto. En 2015 lo hice muy mal, y si los índices bajaron más de un 8%, el total de mi cartera cayó un 13,54%. El doble de inversión habría sido terrible.

No puedo decir: no volverá pasar. Pero haré lo posible para que no ocurra.

Escribir a The Money Glory

Hay personas que me preguntan sobre la página web: ¿Por qué escribo menos? ¿Por qué no lo dedico algo de tiempo?

Estudiar las cualidades de una empresa requiere mucho tiempo. Escribir un análisis, también. No tanto como la primera actividad, pero es un buen rato de trabajo, que no siempre tiene una buena acogida.

Por poner un ejemplo, Cable One es una inversión fantástica que ha doblado su dimensión en cuestión de pocos años. Pero, ¿habéis leído algunos comentarios sobre esta cotizada en algún lugar? En The Money Glory hay dos artículos y una descripción de como funciona la televisión por cable. Nadie me ha pedido ningún detalle. Nunca.

Netflix. Escribí un artículo el 16 de enero 2013, sobre su negocio de distribución de DVDs casa por casa y la apuesta del inversor Whitney Tilson. Aquél año la deconstrucción del negocio de Herbalife se llevó todo el protagonismo. Sin ninguna duda. Incluso hicieron un documental. Ahora disponible en Netflix.

Hace unos meses, con un artículo al que le dediqué dos horas de trabajo también sobre Netflix, arrasé. ¿Era mejor este artículo que el del año 2013? Probablemente estaba mejor escrito. Pero en el primer artículo hablaba de una cotizada que multiplicaría por 24 su precio, en cuestión de 5 años.

Quiero hacer una observación; hay tres tipos de analistas que escriben informes financieros:

  1. Analistas de la empresa (sell side)
  2. Analistas de vehículos de inversión (buy side)
  3. Los bloggers

Los primeros hacen los informes y los publican para que la empresa esté contenta, que es quién paga. Los segundos hacen los informes internamente y, solo, publican con cuenta gotas los que quieren. Ultimamente, con la competencia de los fondos value, se ha extendido una enorme cantidad de roadshows que explican las virtudes de la inversión en valor. El objetivo de estas convenciones es captar inversores, que con los bajos tipos de interés no saben dónde meter el dinero. Estos fondos tienen un equipo comercial fantástico que les prepara las presentaciones. Y las necesitan como el pan que se comen para conseguir incrementar el patrimonio, y así también sus comisiones de gestión.

Por poner dos ejemplos: Horos Asset Management y Cobas Asset Management. El primer equipo, liderado por Javier Ruiz, abrió Horos tras gestionar durante años los fondos de Metagestión. Desde este cambio, sus caras son visibles en varios medios donde explican su filosofía y presentan algunos análisis. Más descarado es el caso de Francisco García Paramés. Antes, más bien discreto, sólo aparecía en las juntas de accionistas de Bestinver. Se marchó de la empresa, escribió un libro, montó una gestora, y ha desplegado una campaña de marketing que comprende: editorial de libros, escuela de inversores, además de una cuenta de Facebook y uno de Instagram. Lo malo: los medios los supervisan con lupa.

Finalmente, en mi lista de analistas están los bloggers. Aficionados, a veces expertos, a veces no tanto, que publicamos análisis porque queremos. Nos critican, nos dicen bichos raros y nos invitan a cafés para intentar que los explicamos cosas que los demás no saben. En algunos casos somos cheerleaders de empresas, en otras situaciones sólo queremos comunicar nuestro entusiasmo por cosas que descubrimos.

Lo más difícil de todo es calcular si nos compensa todo este trabajo, por el beneficio posterior que podemos sacar. Sobre todo, cuando nos damos cuenta de que es muy difícil comunicar el mejor hallazgo de nuestra vida y, en cambio, siempre es superada por el Apple, Netflix o Amazon de turno.

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