Empires of Light, la guerra de la electricidad

Los libros llegan a las manos de los lectores de muchas maneras. Un regalo, por ejemplo. La herencia de algún familiar que necesita hacer espacio en una habitación o simplemente se trata de una compra de última hora, antes de coger un tren de larga distancia. Mi inmersión previa a “Empires of Light” de Jill Jonnes fue una biografía llena de polvo de Thomas Alva Edison.

Después de leer la vida y milagros del inventor – el genio! – de la bombilla, el fonógrafo y el quinetoscopio, quería saber muchas más cosas. Sobre todo de su proyecto más importante: la electricidad.

Entonces, con el libro de Jonnes todo cambió. Los papeles de los principales actores de la industria eléctrica se habían redefinido según un guión mucho más profundo. En esta nueva historia, Edison no es el genio omnipotente, que salió triunfante de todas sus empresas. Sino que le persigue a la carrera el inventor de origen serbio, Nicholas Tesla, que la biografía del genio sólo le reservaba un párrafo. Ahora él coge también protagonismo. Acompañado de un nuevo adversario que entra en escena: el industrial George Westinghouse.

“Empires of Light” nos relata desde distintos ángulos la implantación de la electricidad a finales del siglo XIX y la guerra que nació entre los defensores y detractores de los dos tipos de corrientes: la continua y la alterna.

La electricidad no era un fenómeno desconocido entonces. Era motivo de todo tipo de tratados científicos, presentaciones en sociedades de profesionales, como las que hacía Michael Faraday en sus lecturas navideñas, o incluso espectáculos de feria. Necesitaba, en cambio, una aplicación práctica. El espíritu emprendedor de Edison hizo posible, en parte, trasladar la ciencia de la electricidad a todas las casas de la ciudad, en forma de corriente continua.

La biografía del genio se quedaría aquí. Después explicaría como le maltrataron sus inversores y, a través de una operación financiera, fue rebajado a pequeño accionista de la sociedad que él mismo había creado. Esta transformación empresarial vería nacer la ahora centenaria General Electric y reservarían el papel de Edison a figura pública para banquetes, fiestas y exposiciones.

En cambio, Jonnes en su libro se adentra en la guerra sucia de las corrientes o current wars, en inglés. Como en cualquiera nueva implantación tecnológica, la carrera para electrificar el mundo atrajo a más creadores e inventores. Edison no estaba solo, sino que había otros como él que experimentaban con la electricidad. Y si el papel de genio era para Edison, el papel de mago de las corrientes fue Nicholas Tesla.

Nicholas Tesla y sus relámpagos

Tesla vivió por la electricidad y desarrolló uno de los avances tecnológicos más importantes de aquella época – y de todos los tiempos -: el motor de corriente alterna. Además de su herencia científica, la historia también nos ha guardado cientos de fotografías en blanco y negro y color sepia del ilusionista paseando en medio de jaulas electrificadas. Pero, a pesar de esta puesta en escena, siempre necesitó de financiación para seguir sus quimeras y la persona más relevante entre todos sus inversores (y protectores) fue George Westinghouse.

El catálogo de experimentos de Tesla se concentraban en el uso de la corriente alterna para la iluminación de las ciudades y la electrificación de las casas. Ésta, generada con un equipo más potente, podía distribuirse a través de distancias más largas. Al contrario que la corriente continua, que ya se estaba utilizando en el distrito financiero de Nueva York y la había instalado la Edison Company.

La decisión de Westinghouse de utilizar las patentes de Tesla para la generación y distribución de la corriente alterna y la electrificación de diferentes partes de la geografía de los Estados Unidos fue el interruptor que puso en marcha la guerra.

L’autora de “Empires of Light” explica que los motivos para escribir su manuscrito los encontró en la biografía de George Westinghouse. En esta contaba el episodio más tétrico de esta guerra comercial: la implantación de la silla eléctrica. Edison y su equipo apostaron para alertar al mundo de los peligros de la corriente alterna y la promocionaron como medio de ejecución letal. Para exponer su tesis, durante meses un supuesto científico del la compañía eléctrica se presentaba en un escenario junto a un perro enjaulado y lo electrocutaba hasta matarlo. “¿Cómo podía ser Edison tan asesino y despiadado?” se pregunta Jonnes.

El libro responde al interés por conocer un servicio doméstico que cambió la vida a nuestros abuelos. Como eran los emprendedores de aquella industria y qué obstáculos superaron: electrocuciones, denuncias, guerras de patentes o la construcción del primer salto de agua en las cataratas del Niagara. Bien documentado y sin caer a menudo en la simple biografía y caracterización de los personajes históricos, también nos hace una pequeña masterclass de los principios de la electricidad.

Buscando cuatro apuntes por este escrito encontré una película con el nombre “The Current War”, basada en el mismo libro. Protagonizada por Benedict Cumberbatch y que debería estrenarse este 2018. La historia tiene material por esto y más.

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