Zedge, lo peor de una startup y de una empresa consolidada

Las pérdidas siguen acumulándose en las cuentas de Zedge. La tecnológica cierra su primer trimestre fiscal con 957 mil dólares de pérdidas, a pesar de haber incrementado sus ingresos respecto al año anterior. El consejero delegado Tom Arnoy sigue con su discurso triunfalista, con nuevos productos y ratios de ventas siempre mejores. El beneficio por acción, en cambio, sigue en números rojos.

A pesar de haberme bajado del carro de esta inversión, aún la miro desde la barrera. ¿Me equivoqué al vender?

Mi principal tesis de la desinversión fueron las prácticas corporativas de Zedge. Estas, traducidas en una cotización volátil, no permitían el enriquicimiento del accionista. Sí a primera vista me pareció la perfecta cotizada pequeña que podía llegar a multiplicarse, su gestión lo desmentía.

Este primer trimestre la historia es la misma. Los gastos generales (Selling, General and Administrative), asociadas a los sueldos y los gastos de administración, crecen hasta niveles históricos. La empresa ha gastado 3 millones de dólares. Agarraros fuerte: más que las ventas!

El director financiero Jonathan Reich atribuyó el aumento de estos costes fijos a la contratación de nuevo personal, la adquisición de Freeform y a una posterior reestructuración. Por lo tanto, algunos de ellos no recurrentes.

El equipo de Zedge, según el director ha crecido de 59 a 69 personas el último año. Cogiendo los datos y aplicando una simple regla de tres, sólo el gasto en sueldos habría aumentado hasta los 2 millones de dólares. Así, los costes fijos asociados a esta partida continuarían representando un 70% de los ingresos conseguidos este trimestre.

El sector del desarrollo de software goza de márgenes altos. A no ser que la compañía contrate super estrellas de la industria, el gasto en administración y salarios debería ser escalable. El coste de desarrollar un programa es el mismo si se venden dos o mil. Por mucho que mejoren los ingresos por usuario y las ventas de los productos, a los que siempre hace referencia Tom Arnoy en la conference call, los gastos corporativos se llevan todos los beneficios de los accionistas.

Por otro lado, según el proxy del año 2017, tanto Tom Arnoy como Jonathan Reich, vuelven a hacer caja. Sus sueldos suman 1,17 millones de dólares, divididos en salario base y compensación en acciones.

La disposición con la que Zedge presenta sus nuevas propuestas, el inversor puede imaginarse que apuesta por una startup. En cada conference call Arnoy y Reich se desviven por enamorar a los analistas. Si un trimestre anuncian un catálogo de contenidos propios, en la siguiente conference se olvidan para hablar de un nuevo producto.

Pero Zedge no es una startup. Se fundó en 2003 y ha recorrido diversos altibajos. Esta es una de las premisas que permite atribuir a Zedge el estatus de empresa ya “tradicional” dentro del mundo del software. El otro son los salarios que se permiten sus fundadores, además de la pequeña apuesta que hacen en su producto. Sus acciones suman menos de un 10% del capital: 2,78 millones de dólares.

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