“House of Cards” o como se hundió Bear Stearns

¿Por qué la caída de Bear Stearns fue el preludio de todo? ¿Por qué sirvió de lección previa para la liquidación de Lehman Brothers? La desaparición de la entidad demostró el efecto de las hipotecas subprime en Wall Street y sirvió de primer test. En “House of Cards” el autor William D. Cohan nos cuenta como sucedió la fallida del imperio de Bear Stearns, cuando se puso de moda la expresión too big to fail.

La previa de la historia ya la conocemos. Pronto hará diez años de su final. En los 90,  la administración Clinton centró sus esfuerzos en la campaña de una vivienda para cualquier persona. La intención era buena, pero el efecto dominó provocó efectos catastróficas. Se rebajaron los criterios para conceder hipotecas, de manera que familias sin ningún tipo de renta tenían más de un préstamo hipotecario.

Las hipotecas de más alto riesgo eran las subprime y representaba la amenaza más alta de impago por las entidades de crédito. La vía de reducir este riesgo era la titularización. Los bancos empaquetaban las hipotecas, de alta calidad, mediana y subprime, y las vendían como un producto de inversión. Wall Street, la City de Londres, y otras plazas financieras se hacían cargo de maquillar.

Sin saberlo, miles de personas invirtieron en una burbuja de hipotecas, que nunca se podrían pagar. Como también explica muy bien el libro y la película “La Gran Apuesta”, cuando la morosidad de las hipotecas se hicieron patente – conocido como credit crunch – derivó en una implosión del sector financiero, convirtiéndose en la crisi financiera del 2008.

El hundimiento de Bear Stearns

El sector financiero está sostenido en la confianza, como explica Cohan en su libro. Cuando la confianza desaparece, nace el peligro que el sistema se hunda.

Una crisis de confianza es lo que experimentó Bear Stearns a principios del año 2008. La chispa la provocó la entidad suiza UBS, cuando anunció la depreciación de 13.700 millones de inversiones en hipotecas de Estados Unidos. Diferentes prestatarios se fijaron con la entidad de Manhattan, sobre todo en su catálogo de inversiones en el sector inmobiliario, y reclamaron su dinero ante la posibilidad de una quiebra.

Merrill Lynch, Citi Group, Morgan Stanley… incrementaron sus margin call.

Probablemente Bear Stearns no era la banca de inversiones que acumulaba más activos tóxicos – Lehman Brothers demostraría una fallida similar -, pero su evolución durante los últimos meses hacían pensar en lo peor. Como dice la cita, “la mujer del César no sólo debe ser casta, sino que también debe parecerlo”.

Durante la primavera de 2007, la empresa dirigida por Jimmy Cayne fue al rescate de dos de sus hedge funds – el High Grade Fund y el Enhanced Leverage Fund -, cuando este se encontraba en un torneo de Bridge, en NashvilleBear Stearns se convirtió en el primer prestatario de un fondo, mientras que provocó la liquidación del otro.

No solo así incrementó su exposición en la burbuja inmobiliaria, sino que Bear Stearns también era suscriptora de titularizaciones y tenía un amplio catálogo de inversiones en productos financieros hipotecarios. Y, lo que fue lo peor, la cúpula directiva no preparó el terreno para cualquier imprevisto. Al contrario que otras entidades, no amplió su capital.

A través de declaraciones de los insiders de la compañía, Cohan dibuja en “House of Cards” una pintura en detalle de los últimos días de la entidad. Peleas entre los principales directivos – Jimmy Cayne contra Warren Spector, el director de la división de renta fija y su posible sucesor -, la visión que ofreció la prensa y como la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro decidió actuar, para poner algunos ejemplos.

Una historia que, en menor o mayor escala, se repitió sucesivamente. Y aún vivimos las consecuencias.

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