Desmontando el mito de la volatilidad de los mercados financieros

La volatilidad de los mercados es un greatest hit que aparece en una larga lista de libros sobre inversiones. Aunque el efecto de los medios de comunicación y la sabiduría popular son los que dictan la percepción que tiene la mayoría de personas en relación con la bolsa.

Hace unos meses di un taller de finanzas e inversiones. En este, para desmontar mitos, uno de los primeros temas fue el estudio de las variaciones diarias de las cotizaciones. Para ello utilicé las oscilaciones de los índices Standard & Poor’s 500 y del Ibex-35, diarias y semanales.

La creencia popular es asociar bolsa con histerismo, muchas pantallas y personas ganando y perdiendo dinero en cuestión de segundos. Esta idea tiene repercusión directa en los inversores noveles, que compran y venden el mismo día. Cuando hay un pequeño beneficio marchan corriendo y “eso que me llevo”, dicen. Es más fuerte la aversión al riesgo de perder todo, que el beneficio potencial que pueden obtener a través de una inversión a largo plazo.

La volatilidad o la perspectiva del inversor

El impacto de las noticias negativas, generalmente a través de los medios de comunicación, es persistente en el imaginario colectivo. En economía conductual, es los que se conoce como sesgo de representación. O, lo que es lo mismo, la alud de información en situaciones puntuales se queda en la conciencia de la población. Por ejemplo, si la bolsa cae estrepitosamente un día – 11 de septiembre de 2001 -, las personas aceptan que este evento puede pasar habitualmente.

Pero no es así. La bolsa, y las personas que compran y venden acciones, tienen cambios de humor moderados. Si el lunes es un día enérgico porque empieza la primavera, los índices bursátiles suben con calma. Cierran la sesión en verde. Sin embargo, esto no asegura que los mercados se levanten igual el martes siguiente; puede que cojan otro camino y bajen tranquilamente.

Por supuesto, hay jornadas que las bajadas se convierten en catástrofes. Son los días que los periódicos pasan a portada las noticias económicas, con una fotografía de un hombre destrozado delante de una pantalla (siempre es el mismo individuo). Y el vocabulario se acentúa con palabras como “crash”, “trágico”, “histórico” … En cambio, los días excepcionalmente buenos son los que los índices avanzan superando máximos históricos.

En estas sesiones “extraordinarias” se impone el estado de excepción, pero no son la norma.

Una forma de ilustrarlo es través de estos dos histogramas. Son la recopilación de jornadas diarias y semanales del Ibex-35, entre los años 2010 a 2017 y 1.994 a 2.017, respectivamente:

Histogramas de Rendimientos del Ibex-35

Los dos gráficos agrupan los rendimientos de sesiones y semanas. Si se conoce un poco de estadística, se puede percibir a simple vista una distribución normal, en forma de campana.

Entre el año 2010 y 2017, la media aritmética de las rentabilidades del IBEX-35 ha sido de un 1,04%. Sólo observando el gráfico ya se puede comprender que la mayoría de sesiones el selectivo de la bolsa española se ha movido en torno al cero. Con algunas puntas de máximos, como una caída de un 13,08% y una revalorización de un 15,06%, en una sola sesión. En este caso, las dos puntas coinciden con el anuncio del Brexit y la posterior remontada.

Esta estadística desmiente la percepción tradicional que asocia la bolsa con grandes puntas de volatilidad. Si fuera así, estos dos histogramas no tendrían forma de campana sino que dibujarían una “U”.

Es verdad que, generalmente, las caídas son más precipitadas que las subidas. Un fenómeno que no ha sucedido en los últimos años, pero si que se puede leer en el histograma de los rendimientos semanales de los últimos 23 años.

Entre 1994 y 2017, la mejor semana registró una recuperación de un 16,28%, en comparación con la peor que cayó un 22,94%. Durante este periodo, la media aritmética fue de un -3,32%. Teniendo en cuenta que desde el 1994 se ha pasado por dos crisis (la económica del 96 y la financiera del 2008), además del estallido de la burbuja tecnológica, los datos estadísticos podrían haber salido más desfavorecidas. Y, como gusta a la prensa, mucho más sensacionalistas.

Para saber más:

Sin ningún tipo de duda el maestro de la volatilidad es Nassim Nicholas Taleb y su estudio de las puntas, no de la normalidad. Se lo conoce por el libro “El Cisne Negro”, que también sirvió para bautizar los fenómenos bursátiles inusuales. 

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