Calcular el precio de una empresa y no morir en el intento

En el momento de comprar acciones empresariales nos quedamos con algo más que una pequeña parte de un negocio. No nos convertimos en propietarios de un pequeño porcentaje de una tienda de Inditex, ni un pedazo de inventario de McDonald’s. Sino que hemos pagado para quedarnos con algo más que los activos físicos.

Invertir en acciones es una actividad peculiar. No tiene nada que ver con comprar productos de consumo, como cuando nos dirigimos en un supermercado. Entender esta diferencia es el concepto más poderoso para comprender la formación de los precios de los activos financieros.

En una ocasión, antes de contar la idea que se esconde detrás de una inversión, una persona me frenó diciéndome que ya lo tenía muy claro. No eran necesarias tantas explicaciones. Cuando él iba al supermercado “ya sé lo que me cuesta una lechuga, pues los mismo con las acciones”, decía.

Me insinuaba que eran estúpidos tantos cálculos, sí con un vistazo era suficiente.

A parte de las diferencias que saltan a la vista entre una lechuga y una inversión financiera, hay algunos detalles que son interesantes para comentar.

Lechugas en el supermercado

Generalmente, un consumidor habitual como mi interlocutor compra una lechuga para añadirlo a su dieta. Paga y se la come. Un cocinero o unos grandes almacenes, en cambio, usan todo tipo de alimentos como factor de producción para realizar su actividad.

En el caso específico de un cliente, la lechuga debería costar lo que se espera de este tipo de producto. El precio de referencia son el de otras lechugas que ha pagado en el pasado. O, si le gusta comparar, el objeto comparativo son otras lechugas de otros supermercados.

El precio de un producto de consumo también es el resultado de muchas sumas: su coste de producción, el de manufactura, el transporte, el margen que se lleva el proveedor…

Si todos estos detalles complican el estudio de un precio, más lo complican cuando es el momento de analizar el precio de las acciones de una empresa. O EL VALOR DE UN NEGOCIO, que es lo mismo.

El precio de una empresa

El mes de julio del año 2016, el imperio Unilever anunció la compra de Dollar Shave Club por 1.000 millones de dólares. Un gigante de un extenso catálogo de productos (Sanex, Magnum, Knorr, Lipton…) se quedó con una pequeña empresa de distribución por Internet de navajas de afeitar.

Los bajos costes de producción, que repercuten directamente con unas navajas baratas y una campaña publicitaria acertada, son las principales características del negocio de Dollar Shave Club.

¿Qué lógica sigue una multinacional como Unilever para quedarse con un pez pequeño como DSC? ¿No podría construir la misma marca desde cero?

El principal motivo que justifica esta adquisición, y sobre todo su precio, es la previsión de beneficios. Después de miles de cálculos, seguro que los directores financieros de Unilever tuvieron varias razones en creer que la integración de DSC dará beneficios. Los suficientes y, incluso superiores, al precio pagado inicialmente.

Kit de productos de Dollar Shave Club

Joel Greenblatt explica en el libro “El pequeño libro que bate al mercado” cuál es el criterio para poner esta cifra específica; el precio. Adaptando el ejemplo de DSC, imagino que un conocido mío monta el mismo tipo de negocio y nos invita a participar económicamente.

El precio de vender navajas de afeitar

Vender navajas de afeitar puede ser un negocio muy lucrativo y marcas como Gillette lo saben. Además de contar con un margen de beneficios muy altos, son los productos más robados en los supermercados.

Basado en estas estadísticas, una persona me invita a participar en su empresa con una inversión en el capital inicial. La actividad principal de esta compañía es comprar navajas en el extranjero, para distribuirlas posteriormente por Internet. El trabajo principal es el marketing, las compras y el mantenimiento de una página web.

Sin saber aún los números del negocio, esta persona me cuenta dos cosas muy importantes. La primera: él se dedicará al sector de las navajas sólo tres años, después lo dejará para dedicarse a otra cosa. La segunda: tiene todo el plan financiero diseñado y sabe seguro cuantos ingresos ganará en el futuro.

De esta forma, sabemos dos variables imprescindibles: el tiempo y los flujos financieros. Estos son los dos elementos imprescindibles para realizar un cálculo de flujos de efectivo.

Una vez sabemos esto, la empresa nos muestra sus números:

 

Navajas, S.L.

Precio / Navaja

1 euro

Coste / Navaja

0,5 euros

Pedidos / Año

120.000 unidades

Facturación / Año

120.000 euros

Costes Variables / Año

-60.000 euros

Beneficio Bruto

60.000 euros

Costes Explotación

-40.000 euros

Beneficio Neto

20.000 euros

Estos datos nos explican que la empresa, durante tres años, ingresará 120.000 euros. Con un margen bruto de un 50%, reportará un beneficio de 20.000 euros por año. Esto, tres años más tarde, terminará sumando 60.000 euros, cuando se cierre el negocio.

La aventura empieza cuando nos piden el valor de la compañía. Con las cifras económicas en la mano, ¿cuanto pagaríamos por invertir en un 50% del capital de la compañía?

Acceder a la mitad del capital de una empresa significa adquirir el derecho a una participación de los beneficios. Unos 30.000 euros en tres años. Ni más, ni menos.

¿Invertiríamos 45.000 euros, sí este emprendedor nos pidiera “una pequeña” ayuda económica? Ni pensarlo! No cubriríamos nunca nuestro desembolso inicial, y en tres años exigiríamos que el negocio continuara abierto. Mínimo un año más.

Nuestra propuesta sería a la baja. El precio a pagar lo acotaríamos entre 0 y  30.000 euros (máximo), el suficiente para que el reparto de beneficios pudiera cubrir nuestra inversión inicial. Incluso superarla.

La lógica de esta valoración no está alejada de como se estudian los precios de las acciones cotizadas. A través del PER o el Enterprise Value / EBIT. Una de las diferencias principales es la incertidumbre en lo que se basan los cálculos. No hay un período de tiempo establecido. Tampoco hay una seguridad total sobre la estabilidad de las ventas futuras, sino que pueden variar extraordinariamente, hasta el punto de provocar la desaparición de una empresa.

La otra diferencia a tener en cuenta es que quién fija el precio no somos nosotros, ni un conocido que monta el negocio, sino Mr. Market; el personaje más neurótico que habréis conocido nunca.

Para saber más leer 4 días para invertir según los principios del Value Investing

 

This post is also available in: Catalán

Copyright © 2014. Created by Meks. Powered by WordPress.