El especulador de monos y otras historias

La economía se ha convertido, en los últimos años, en un campo de atracción por los storytellers para desarrollar sus historias de héroes y aventuras. Desde Freakonomics de Steven D. Levitt hasta El economista camuflado de Tim Harford, pasando por Xavier Sala-i-Martí, todos ellos se han hecho famosos por contar historias, dónde el hilo conductor son su temática sobre finanzas, economía y estrategia empresarial.

Hay ocasiones dónde es necesario una buena historia para entender la complejidad de las finanzas. En CSInvesting, este recurso se usa frecuentemente. En los últimos días la página ha publicado dos historias que he terminado traduciendo. La primera trata de contar el sentido de la especulación, la segunda el concepto de “opcionalidad”, desarrollado por Nassim N. Taleb en Antifrágil.

El especulador de monos

Había una vez, un forastero que llegó con su asistente en un pequeño pueblo. Allí, hizo correr la voz de que quería comprar monos por 100 euros la pieza. La gente del pueblo, que sabía que estos animales corrían por el bosque, se apresuro a cazarlos. Miles de monos fueron comprados por 100 euros y se encerraron en cajas. Por desgracia para la gente del pueblo, la cantidad de monos libres disminuyó considerablemente hasta el punto que, al cabo de unos días, costaba horas y horas encontrar uno.

Entonces, el forastero anunció que compraría cada uno de los monos por 200 euros, entonces la gente del pueblo dobló sus esfuerzos para encontrar-los. Pero la historia se repitió y, después de unos días, econtrar un solo mono dentro del bosque era tan difícil que los habitantes abandonaron la caza.

La respuesta del forastero no se hizo esperar y aumentó su oferta. Compraría más monos por 500 euros, una vez volviera de viaje de la gran ciudad, dónde iba para coger más dinero.

Mientras el forastero estaba fuera, el asistente hizo la siguiente propuesta a cada uno de los habitantes: “Te venderé los monos de mi amo por 350 euros cada uno y, cuando vuelva, los podrás volver a vender por 500 euros”.

Aceptando el trato, los habitantes del pueblo compraron todos los monos que habían cazado antes.

Y nunca más volvieron a ver el forastero. Ni a su asistente.

El valor de la opcionalidad

Un asesor de inversiones y un carpintero estaban sentados en un avión, en un vuelo de larga distancia. Después de horas de viaje, el asesor pregunta al carpintero si quiere participar en un juego. Este, que está cansado, quiere echarse una siesta, así que declina amablemente la propuesta y sigue durmiendo. El asesor insiste, diciendo que su propuesta es muy divertida: “Le haré una pregunta y si usted no sabe la respuesta me tendrá que pagar 5 euros. Después, usted me hace una pregunta, y si yo no sé la respuesta le pagaré 500 euros”. Para seguir la corriente, el carpintero acepta.

El asesor empieza el juego y hace la primera pregunta: “¿Cuál es la distancia que hay entre la tierra y Saturno?”. El carpintero, sin decir una palabra, saca cinco euros y los da a su acompañante.

Entonces, este pregunta al asesor: “¿Qué es lo que sube una montaña con tres piernas y la baja con cuatro?”. Hecha la cuestión, el carpintero cierra los ojos y sigue durmiendo.

Inmediatamente, el asesor abre su ordenador portátil, lo conecta al wi-fi del avión y busca la respuesta en Internet, sin éxito. Envía correos a todos sus amigos, que tampoco saben la solución. Después de horas de búsqueda, el asesor se da por vencido, despierta al carpintero y le da 500 euros. Este los coge y se vuelve a dormir.

El asesor, desesperado por no encontrar la respuesta, le pide a su acompañante: “¿Qué es lo que sube una montaña con tres piernas y la baja con cuatro?”

El carpintero le da 5 euros y vuelve a cerrar los ojos.

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