El ‘contrarian investing’ que desafía los mercados financieros

Aún debe confirmarse que el Contrarian Investing sea una corriente de análisis de inversiones, a la altura de los estudios técnicos o los cálculos fundamentales, pero David Dreman lo ha convertido en un marco teórico de estudio. Su manual de instrucciones se titula Estrategias de Inversión a Contracorriente, es una publicación que ha dado la vuelta al mundo desde el año 1998 y ha inspirado a millones de aficionados de las inversiones.

David Dreman es un escéptico. Su papel se parece al científico, que con sus teorías, pretende desenmascarar todos los mitos que se han construido alrededor de la bolsa. Él alerta del peligro de estas supersticiones. Grita, como el niño del cuento, que “el emperador está desnudo” aunque el pueblo prefiera mirar a otro lado y el monarca crea que lleva su mejor vestido.

La propuesta que encontramos en “Estrategias de Inversión a Contracorriente” es un método de gestión financiera que pretende situarnos en contra de esta cultura popular de los mercados. Para conseguirlo, Dreman recoge una larga lista de estadísticas, algunas de cosecha propia y otras de bien conocidas entre los académicos, que cuentas las diferencias entre los mitos de la comunidad financiera y los resultados reales.

En el libro hay una lista de 41 normas que recomiendan al inversor contrarian cuál es la posición que debe tomar en situaciones específicas como son las operaciones corporativas, como gestionar el timing de las operaciones, etc.

Pero esta lista no es suficiente para que este método se pueda aplicar a pelo. Al fin y al cabo, ir contra la masa es casi la norma per se de todos los estilos; “comprar cuando los otros venden”. Conocer el “contra corriente” es útil y sirve de complemento, pero no sirve de pilar fundamental del analista.

   
El contrarian investing contra las supersticiones

El presagio del Hindenburg, el efecto calendario, perseguir sin contemplaciones las acciones de crecimiento, “esta vez es diferente”, las modas, las operaciones corporativas como las ampliaciones de capital, las “oportunidades únicas” de la ofertas de acciones

El accidente del Hindenburg, otro motivo de presagios para la bolsa¿Como es posible la fe en tantos fenómenos que difícilmente se repiten? ¿Cuál es el origen de las oportunidades que nunca se ejecutan?

Una explicación se encuentra en la necesidad de creer.

Los inversores y académicos creen que hay fenómenos que se repiten a lo largo del tiempo; como son los ciclos económicos, el comportamiento del consumo, la innovación tecnológica… También hacen lo mismo los analistas técnicos con sus gráficos. Todos estos estudios se basan en identificar patrones de datos.

El problema nace cuando la experimentación con los datos se traduce en localizar patrones que realmente no existen, sobre una distribución de datos totalmente aleatorio. Es lo que se conoce como el sesgo del data mining.

La causalidad es otro gran problema. Pensar en términos de “Sí sucede A, posteriormente sucederá B”. A partir de esta condición, hay situaciones vinculadas por estudios, en tesis doctorales que han costado miles de euros, y que no tienen ningún tipo de vínculo en la realidad. Un ejemplo de estas absurdas causalidades es el estudio de Playboyefecto calendario.

Creer que el comportamiento de las bolsas, como explica el efecto calendario, está relacionado con el mes del año tiene la misma validez que los estudios del comportamiento basados en el signo del Zodiaco. La diferencia es que a lo primero lo llamamos finanzas y el segundo es una “ciencia oculta” (o arte liberal).

En contra de los medios de comunicación

La segunda explicación a la consolidación de los mitos y leyendas nace de la actividad de los bancos, que son los que mantienen las supersticiones. Estos y otras instituciones obtienen beneficios millonarios de la fe de los pequeños inversores.

La idea que una oferta de acciones es una “oportunidad única”, es un mensaje que nace de la empresa que se encarga del road show y de promocionar la puesta en escena de una determinada empresa en bolsa. Si la institución, como JP Morgan, Goldman Sachs o “la Caixa”, no se trabaja bien este espectáculo, las comisiones de la operación serán bajas.

La superstición es la base del beneficio de los bancos que venden la oferta y necesitan que los compradores crean.

Los medios de comunicación tienen la otra parte de culpa. La ignorancia de los periodistas financieros, en cuánto a la valoración de las inversiones, precipita artículos y reportajes que siguen las modas y, también, las supersticiones. No hay un mínimo de análisis cuando cubren una estrena en bolsa, por ejemplo.

Solo hay que ver la función de los periódicos especializados respecto el debut de Twitter o de Aena, que era principalmente de altavoz publicitario.

De hecho, a los directivos de los medios les interesa que se hable de estas operaciones corporativas, que parece que ofrezcan información para el pequeño accionista, pero lo que de verdad garantizan es el éxito de las instituciones financieras. Al fin y al cabo, son estas últimas las que mantienen, con la publicidad, la supervivencia de los diarios.

Desde este punto de vista, “Estrategia de Inversión a Contracorriente” no solo son un conjunto de normas, son David contra Goliat. El pueblo contra el establishment. El método científico contra la incultura financiera. Es David Dreman contra el mercado.

 

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