“Against the Gods”, la historia del negocio del riesgo

Cuentan que el “coffee house” de Edward Lloyd tenía un lugar reservado para los capitanes de barco que se arriesgaban a viajar a los mares del sur, desde Gran Bretaña, en el siglo XVII.

Además de ser un centro de reunión como otra taberna cualquiera, este café ubicado en Lombard Street era el mejor centro de información de la ciudad, dónde cualquier navegante podía adquirir cartas de navegación actualizadas, datos meteorológicos e, incluso, la lista detallada de los últimos ataques piratas de las islas del Caribe.

Por descontado, de todos los coffee house de Londres del siglo XVIII, aquél era el más concurrido. Era “espacioso… bien construido y lleno de negociantes capaces”, apuntaba un diario de la época. De todos los puntos del país llegaban datos relacionados con el comercio marítimo y, a partir del año 1696, la conocida “Lloyd’s List” informaba de las llegadas y salidas de todos los barcos atracados en los puertos del Reino Unido.

La fiabilidad de las noticias era tal que incluso el gobierno británico usaba la lista del establecimiento para documentarse de las batallas navales recientes!

La moneda de cambio del Lloyd’s era la información; en el local se recogían los datos financieros de alrededor del mundo como hacen actualmente los terminales Bloomberg, eso también permitía el nacimiento de actividades secundarias que se aprovechaban de este contexto, como el negocio de los seguros.

Estaban los arriesgados emprendedores que se jugaban, aseguraban, una parte de su patrimonio en aventuras transatlánticas. Con la avalancha de datos disponibles en el Lloyd’s podían apostar con más seguridad.

La ventaja era la información. Los datos marítimos proporcionaban cálculos más precisos del riesgo de suscribir un contrato de seguro con un comerciante de café o cacao, que se marchaba a los mares del sur.

A pesar que en el coffee house de Lloyd había el papel y la tinta para formalizar estas necesidades a través de contratos, el gobierno se oponía a la actividad de seguros privados.

En el Reino Unido estaba prohibida la fundación de sociedades anónimas dedicadas al negocio de los seguros. De hecho, este papel estaba reservado al oligopolio formado por la Royal Exchange Assurance Corporation y la London Assurance Corporation, constituidas por el rey Jorge I.

La solución que encontraron 79 negociantes del café, con la necesidad de cubrirse las espaldas, fue juntarse en una sociedad de personas, regida por un código de comportamiento. Así, en 1771, aproximadamente cien años después de la fundación del Lloyd’s, se establecían las bases de una industria que usa el riesgo como el elemento fundamental de su actividad empresarial.

‘Against the Gods’ de Peter L. Bernstein

Los casinos usan las probabilidades, la ley de los grandes números, para sacar beneficio. Es evidente que las empresas del sector de los seguros también, pero Peter L. Bernstein nos explica en “Against the Gods” que los grandes descubrimientos de la humanidad no habrían sido posibles sin una comprensión fundamental del riesgo.

"Against the Gods" - Peter L. BernsteinLa física, la economía, la biología o la química, estudian ecosistemas dónde aparece un componente de incertidumbre. El azar, la aleatoriedad, la suerte y la mala suerte; todo es falta de información que debe sustituirse por cálculos.

Bernstein hace una explicación de los principales éxitos de las personas que dedicaron su vida a comprender el concepto de riesgo. Fibonacci, Gauss, Laplace, Galton

Todos ellos, filósofos y matemáticos, establecieron con su trabajo las bases matemáticas de los cálculos del futuro que desconocemos.

Pero la aplicación práctica, en empresas transatlánticas o en negociación de valores de bolsa, no dependió principalmente de los números sino de la evolución de nuestra civilización.

Según “Against the Gods”, los primeros seguros fechan del siglo XVIII A.C. pero no es hasta hace dos siglos que pasan a ser un concepto comercial. El control del destino se transforma en una actividad lucrativa, que se opone a la voluntad de los dioses.

Los griegos se embarcaban con el permiso del Olimpo, y eran las decisiones divinas las que marcaban los éxitos o fracasos de una embarcación, un matrimonio o una guerra. En la Edad Media, un Dios omnipotente era el que señalaba el punto del mapa dónde descargaba las desgracias, como la peste negra, y regalaba los años de mejores cosechas cuando prefería.

La evolución hacia el Humanismo, y después la Ilustración, permitió cambiar esta perspectiva. El riesgo ya no es una decisión de una divinidad, sino un componente inherente de la naturaleza, que aparece porqué no podemos leer el futuro, pero que si que podemos valorarlo. Incluso lo podemos calcular matemáticamente.

Y, algunas personas, como los primeros agentes de seguros comerciales, le han dado la vuelta para obtener de ello un beneficio.

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