Las terroríficas finanzas de M. Night Shyamalan

El director M. Night Shyamalan nos sorprendió con la película de un niño que tenía la extraña habilidad de contactar con los espíritus. “El Sexto Sentido” lo tenía todo: Bruce Willis interpretando a un psicólogo con problemas conyugales, la estrella emergente Haley Joel Osment, una trama inquietante y un final inesperado. Desde entonces “La rara estrella de M. Night Shyamalan” se ha apagado, según “McGuFilms”. Mi pregunta es si esa estrella se encendió nunca del todo.

La crítica Raquel Moreno analiza el impacto de las películas de Shyamalan. Lo hace desde un punto de vista descriptivo, en función de las valoraciones y los ingresos en taquilla. Según estas, la conclusión es que el director ha caído en desgracia.

En realidad, el cineasta no ha perdido los aplausos del público. La mayoría de sus films no los han tenido. Si observamos los datos y recordamos algunas teorías de la Economía Conductual, nos daremos cuenta que nuestra percepción nos engaña.

La filmografía de Shyamalan no supera la nota de aprobado por la audiencia. Solo el “El Sexto Sentido” es la estrella. Un golpe de suerte. O, lo que es lo mismo, el “Cisne Negro” de su carrera.

   
El Cisne Negro de Shyamalan

Antes del blockbuster que le hizo famoso, la trayectoria de Shyamalan era discreta. Dirigió y protagonizó una historia alrededor de la cultura india titulada “Praying with Anger” y la comedia familiar “Los primeros amigos” (“Wide Awake”).

Después llegó el éxito.

293 millones de dólares de taquilla, seis nominaciones a los Oscars y una historia clasificada entre los 100 mejores guiones de toda la historia del cine. “El Sexto Sentido” fue un fenómeno inesperado, sorprendente, que tuvo consecuencias directas para sus protagonistas y su director, quién a partir de entonces tuvo el lujo de poder introducir “su marca” en todos sus filmes posteriores.

Según la descripción de Nassim N. TalebM. Night Shyamalan se topó de frente con un fenómeno aleatorio conocido como “Cisne Negro”.

Sería difícil repetir este éxito, por no decir imposible.

En la búsqueda de nuevos hits, el director intentó replicar la misma fórmula – historia fantástica, final inesperado y su aparición puntual protagonizando un pequeño papel al estilo Alfred Hitchcock – en una lista de títulos formada por “El Protegido”, “Señales”, “El Bosque”, “La Chica del Agua” y “El incidente”.

Las críticas dejaron su obra en una posición discreta y la taquilla demostró, financieramente, el abandono de su público, aunque mantenía la confianza de la industria de Hollywood.

El portal Rotten Tomatoes ubicó su “Tomatometer” en un 17% para “El incidente” y la recaudación en taquilla, en Estados Unidos, fue menos de una cuarta parte de “El Sexto Sentido”. Aunque superó su presupuesto en 8 millones de dólares.

Estas cifras demuestran como la “marca Shyamalan”, poco a poco, dejó de ser un sinónimo de éxito. La dirección posterior de títulos comerciales como “Airbender” o “After Earth” con Will Smith e hijo, resultaron ser peores experimentos que las propuestas anteriores:

Valoración Películas de M. Night Shyamalan

Según un breve repaso a la puntuación de los portales especializados, M. Night Shyamalan no solo fue incapaz de replicar su rotundo éxito, sino que el promedio de todas sus críticas es de un 5,35; una nota mediocre para un director que se le bautizó en su momento como el “Nuevo Maestro del Terror”.

¿Qué relación tiene Shyamalan con la Economía Conductual?

Cuando Raquel Moreno exclama en su blog “Ojalá vuelva a deleitarnos con buen cine”, estoy convencido que no se refiere ni a los proyectos previos, antes de “El Sexto Sentido”, ni a la sucesión de historias que le siguieron.

Como un inversor que mantiene las pérdidas y espera a vender sus acciones cuando los precios suban a “niveles normales”, esta autora valora el “buen cine” de Shyamalan a través de un circulo reducido de películas, y no a partir de toda su filmografía.

La Economía Conductual llama a este sesgo “Punto de Anclaje”.

Como seres humanos necesitamos un punto de referencia. A partir de este listón generamos nuestras opiniones, modificamos el comportamiento y expresamos nuestras opiniones. Lo hacemos inconscientemente y no podemos escaparnos de ello.

En el cine es habitual recordar una película que nos creó una sensación. Quizás nos gustó y queremos repetir, o fue una experiencia desagradable y desearíamos no haberla vivido. A mi, por ejemplo, me pasa con “El gran Lebowsky”. Es la referencia inmediata que me viene a la cabeza cada vez que se estrena una nueva historia de los hermanos Coen.

En Hollywood conocen este comportamiento y por este motivo les gusta promocionar sus estrenos con lo de “del mismo director de…” o “de los productores de” .

Inconscientemente, el público relaciona esta etiqueta con una sensación. Y, para la industria cinematográfica, mejor que sea lo bastante agradable como para que nos conduzca a comprar una entrada.

Pero los recuerdos de las sensaciones duran lo que deben durar y, a veces, lo que fue un golpe de suerte, un “Sexto Sentido” para M. Night Shyamalan, también puede tener un final inesperado que le acabe por borrar definitivamente del cartel de la película.

 

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