3 perspectivas equivocadas de la Economía Conductual

El iPod siempre me reproduce canciones de Kelly Clarkson cuando está en modo aleatorio. ¿Por qué le gusta tanto esta cantante?

¿Por qué nos llaman siempre que nos estamos duchando? No hay otro momento mejor para contactar con nosotros?

Las populares leyes de Murphy fueron las pioneras en el momento de identificar alguna situación como esta, pero la Economía Conductual, estudia este “modo” de ver la realidad.

Daniel Kahneman, Amos Tversky, Richard Thaler o Thomas Gilovich son algunos de los nombres de los profesores que han intentado entender nuestra comprensión de los hechos reales y qué relación tienen en la toma de decisiones.

No ha sido una tarea fácil, y se necesitan cientos de experimentos para poder clasificar en diversos sesgos las percepciones que suceden dentro de la mente de cada uno. Algunos de los más conocidos son el sesgo de correlación o el de representación, y cuentan porqué la intuición – el Sistema 1 según la metáfora Daniel Kahneman – tiene una influencia superior al razonamiento – el Sistema 2.

Ahora, el concepto de Economía Conductual – el Behavorial Economics – se ha popularizado. La fantásticas charlas de Dan Ariely en el TED son un ejemplo, pero aún persisten algunas ideas equivocadas:

1. La Economía Conductual no es la “psicología del trading”

Entre los traders se comparten algunas de estas normas: Establecer una pauta de conducta, esperar asumir pérdidas y no dejarse llevar por las emociones.

Los especuladores que operan en mercado tan volátiles como son los futuros de divisas necesitan estas reglas.

Pero entender esto como psicología, es difícil de digerir. Son pautas enfocadas a percibir la volatilidad – que no riesgo – como un hecho normal. Es necesario para ejecutar su trabajo. Pero este tipo de “psicología” queda lejos de las teorías de la Economía Conductual, que también se aplican a las finanzas.

2. No está reservado exclusivamente a la Economía

Thomas Gilovich explicaba a “Convencidos, pero equivocados” el resultado del artículo “Hot Hand in Basketball: On the Misperception of Random Sequences”.

Los aficionados al baloncesto creen en el fenómeno conocido como la “mano caliente”. Creen que a un jugador que le preceden una secuencia de buenos tiros, tiene la suerte de su lado, y creen ciegamente que debería continuar acertando.

Gilovich demostró que esto es debido al rechazo del concepto “casualidad”, y el aficionado cree que hay un patrón que se continuará reproduciendo.

Este sesgo va más allá de la simple anécdota que se queda en la pista y se puede aplicar cuando leemos las noticias, cuando interpretamos datos financieros o cuando seguimos un partido de fútbol.

3. Su conocimiento no nos convertirá en “Supermans”

“La voz de la razón puede ser mucho más tenue que la voz alta y clara de una intuición errónea, y cuestionar nuestras intuiciones es poco agradable en medio de la tensión que acompaña una gran decisión”. Esta era la conclusión de Daniel Kahneman en el libro “Pensar rápido, pensar despacio”.

La lista de sesgos etiquetados y clasificados en la disciplina de la Economía Conductual permiten dar un nombre a los errores que, como seres humanos, cometemos. Algunos los podemos identificar, incluso algunas los podemos evitar.

Pero es imposible desconectar de nuestra condición de persona y convertirnos en aquel agente económico – razonable y coherente, un “Superman” – que la teoría tradicional contempla en sus fórmulas.

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