Burton Malkiel y su amor por la Beta

Un paseo aleatorio por Wall StreetBurton G. Malkiel se declara un enamorado de la hipótesis de los mercados eficientes en un libro que desde siempre ha sido de lectura obligatoria entre las asignaturas de finanzas de la universidad: “Un paseo aleatorio por Wall Street”. Uno acaba de leerlo y se da cuenta de la defensa que hace su autor de un conjunto de hipótesis que pretenden demostrar como nadie es capaz de ganar los mercados.

Si esta teoría fuera cierta, no servirían ni el análisis fundamental, ni los estudios macroeconómicos, ni el análisis técnico, para obtener rentabilidades superiores a los mercados o, en su defecto, a los índices bursátiles.

La teoría académica avisa que los precios incorporan toda la información disponible, y por eso es imposible especular con el futuro de estas cotizaciones. Según el profesor Malkiel, no se ha inventado la fórmula mágica que pronostique correctamente los precios y rechaza cualquier estudio que lo intente.

Aunque las técnicas de estudio las apliquen inversores que trabajan día a día con la realidad de los mercados. Aunque los creadores de la fórmulas sean respetables académicos, quizás compañeros de mesa en la cafetería de la misma facultad. En el paseo aleatorio del autor solo queda la Beta como la única variable intacta, de todo el repertorio matemático relacionado con los mercados financieros.

Cuando una Beta explica el riesgo

La Beta es una variable que sirve para interpretar el riesgo de un activo financiero.  Este indicador es el resultado de la correlación que hay entre la variación de precios de una acción y la del mercado (la bolsa)

Si la Beta de una acción es 1, significa que que la variación de la cotización tiene correlación con los movimientos del mercado en conjunto. Si la Beta es -1, la correlación de los precios del activo respecto la cotización del mercado es negativa porque ambos precios, históricamente, se han movido en diferentes direcciones. Las acciones que tienen este tipo de comportamiento son las que se clasifican como “defensivas”.

El punto de referencia, el mercado, está representado habitualmente por un índice. Puede ser el valor del Standard & Poor’s 500, el Ibex-35, o el Dow Jones. Todo depende de la acción que se está valorando, si se trata de una acción del parqué de la bolsa de Londres, el mejor índice de referencia es el Footsie 100.

En el mundo real, nadie pretende pilotar aviones comerciales con el permiso de conducir camiones

Según este cálculo, las acciones de Microsoft no incorporan un riesgo excesivo. La Beta es 1,29 y demuestra que, históricamente, los precios oscilaron casi al mismo ritmo que el Standard & Poor’s 500.

La Beta nos insinúa que si la bolsa cae, Microsoft también lo hará.

Los críticos, entre los que me cuento, consideran que gestionar el riesgo de una cartera mediante el uso de la Beta es un error. Es una variable engañosa. Usar la Beta implica usar los datos del pasado para enfrentarse al futuro. A veces, es posible que la historia se repita, pero no es una condición sine qua non.

Malkiel conoce las debilidades de esta variable; no obstante sigue recomendando la Beta como una medida imprescindible para gestionar el riesgo. De alguna manera, es la mejor de las peores opciones.

Es la misma actitud que otros académicos e inversores critican, como es el caso de Nassim N. Taleb. Si una variable no funciona, ¿por qué se pone en práctica en la gestión de fondos de inversión, de carteras privadas y planes de pensiones? “Porque es lo que tenemos”, explican los gestores de carteras, como si para pilotar un avión también sirviera cualquier tipo de permiso de conducir…

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