5 factores esenciales para vender acciones en descubierto

Especuladores, anti-patrióticos, incluso antinaturales. A los vendedores de acciones en descubierto les han acusado de perjudicar el progreso de la economía, obstruir la innovación e impedir el paso de la buena marcha de los emprendedores.

Los bajistas, conocidos también como osos, tienen todos los números para que la comunidad financiera les ataque y duden de sus conclusiones. Sin embargo, no fiarse de los resultados de una compañía y de los pronósticos de su directiva es también un proceso esencial para invertir correctamente.

“Un mercado sin osos sería como una nación sin libertad de prensa” sentenció el inversor americano Bernard Baruch y es el párrafo que precede el libro The Art of Short Selling de Kathryn F. Staley.

Esta publicación, considerada la Biblia de los bajistas, recopila historias de la década de los 80 y 90 de estafas y malas inversiones. Este texto ha servido de inspiración a un buen puñado de profesionales, como el gestor del hedge fund Third Point, Dan Loeb.

Según Staley, el vendedor de acciones busca empresas que manufacturan un solo producto o sus ingresos se basan en un solo recurso. La euforia por las industrias de moda y negocios que ostentan un crecimiento increíble en el transcurso de años sucesivos, conduce el mercado a sobrevalorarlas. También son un buen objetivo para los bajistas si presentan síntomas de estancamiento.

Táctica y estrategia juegan un papel fundamental, a parte del análisis minucioso de las cifras contables. La compañía debe presentar un conjunto de requisitos esenciales para ser una apuesta ganadora:

1. Tener un capital flotante importante

El capital flotante (free float) lo forman las acciones negociadas libremente en bolsa. Son las participaciones no controladas y que no se concentran en manos de una sola persona o institución. Tampoco forman parte de la autocartera de la propia empresa.

Si el capital está diversificado y es flotante, la cotización sigue por un proceso democrático. No hay un único accionista que pueda manipular el precio y decidir, o imponer, por encima de otros accionistas.

2. Seleccionar empresas sin negocio, ni producto

Siguiendo un proceso lógico, nadie dejaría dinero a un desconocido con una sola idea en la cabeza. Pero la bolsa no es lógica. Aunque el boom de las empresas “punto com” nos enseñó a desconfiar de los vendedores de humo, las promesas sin contenido continúan triunfando en los mercados financieros.

Sociedades petroleras que con una concesión de terreno aseguran tener una mina de oro negro bajo sus pies o farmacéuticas con un producto a medio desarrollar, son algunos ejemplos. Los bajistas, escépticos, confían en las probabilidades que tienen estas empresas de fracasar y venden en descubierto.

3. Comprar a precios máximos

Los osos solo pueden aprovecharse del 100% de la inversión. Si venden a 23 euros, cero es su máximo. Entrar en compañías que su precio oscila en una banda amplía de precios, asegura al operador un largo recorrido para beneficiarse. Sobretodo si el negocio tiene un valor intrínseco y solo está hinchado por razones circunstanciales.

4. Escoger compañías sin activos a precios nominales

Una multinacional que tiene una larga lista de activos tangibles e intangibles, valorados a precio nominal, le asegura poder sostener malos resultados durante años. Activos immobiliarios, registro de patentes o maquinaria se pueden liquidar para aguantar malas rachas.

Por este motivo, entre los objetivos bajistas se encuentran compañías que pueden falsear fácilmente la contabilidad con la publicación del patrimonio a precios de mercado. Bancos, sociedades de inversión o aseguradoras, por ejemplo, tienen carteras de activos cotizados, que varían en función de la situación de mercado.

5. El “cash” es el rey

El estado de flujos de efectivo es el vinculo con la realidad. La cuenta de resultados (o Pérdidas y Ganancias) puede mentir. El balance también. Pero la actividad anual de la Caja, el tercer estado contable de la santa trinidad, no engaña. Es lo que hay en la cuenta corriente y si presenta contradicciones con la contabilidad, el inversor debe dudar.

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