Fannie Mae y Freddie Mac, ¿resucitarán los culpables de la crisis inmobiliaria?

A los carroñeros que vigilan Wall Street no se les ha pasado por alto la oportunidad de repetir un éxito de beneficios, como el que les proporcionó la caída y resurrección de American International Group (AIG). Si la multinacional de seguros, rescatada por el gobierno, reportó millones de beneficios a los inversores de poscrisis, ¿por qué no lo pueden conseguir las instituciones “en coma” que alimentan el sector inmobiliario estadounidense, Fannie Mae y Freddie Mac?

Tanto la Federal National Mortgage Association (Fannie) como la Federal Home Loan Mortgage Corporation (Freddie) tienen un don único, el de comprar préstamos hipotecarios y convertirlos en inversiones de consumo con el sello de calidad del gobierno de Estados Unidos. Se encargan de difuminar el riesgo inicial de los deudores.

Gracias a ellas, hasta el año 2008 los pequeños bancos tenían una alta tolerancia a dar préstamos a personajes de dudosa solvencia. Detrás de una mala hipoteca siempre había un Mac o una Mae dispuesta a comprarla y a empaquetarla con forma de inversión para algún interesado del Upper East Side de Nueva York.

“Son el sistema” decía el gestor de Fairholme Funds, Bruce Berkowitz, en una entrevista concedida a la CNBC, para defender su compra de acciones preferentes, de Fannie y Freddie, por valor de 500 millones de dólares. La participación mayoritaria de su cartera. Este, junto con Richard Perry, de Perry Capital, son la cara visible del grupo de partidarios que creen que en Estados Unidos es necesaria la existencia de entidades cuasi-públicas que convierten hipotecas en activos financieros – lo que se denomina “titulización “. Un concepto que choca con la propuesta de ley Protecting American Taxpayers & Homeowners Act, que llegó el julio pasado al congreso con la intención de exterminar las dos empresas.

Fannie Mae y Freddie Mac, rescatadas de la crisis

A Fannie Mae y Freddie Mac la prensa ya las tenía caladas antes del fatídico 8 de septiembre de 2008, cuando pasaron oficialmente en manos del sector público. “No había ninguna agencia del gobierno que operara de forma tan rimbombante” escribía Jonathan R. Laing a Barron’s, “gastaban millones de dólares en donaciones a políticos y a empresarios”.

Además, los estados contables se manipulaban para ajustar los beneficios a los objetivos trimestrales, así los ejecutivos podían engordar sus sueldos a base de primas.

La situación se hizo insostenible a principios de septiembre de 2008, semanas antes de la quiebra de Lehman Brothers. La dudosa calidad de las hipotecas que figuraban en la cartera de las dos entidades y la cadena sísmica que había producido la caída de otros gigantes, como Bear Stearns, pedía una actuación rápida de las autoridades gubernamentales. No había un programa específico que dictara el grado de actuación para este tipo de situaciones, pero había que hacer algo.

En una operación orquestada entre la Reserva Federal y el Departamento del Tesoro estadounidense, los contribuyentes de los Estados Unidos se convirtieron accidentalmente en propietarios de las dos intermediarias de hipotecas más grandes del mundo, con una compra de acciones en el mercado que representaban el 80% del capital social. Inyectaron 100.000 millones de dólares a cada empresa. En la bolsa sólo quedó una participación simbólica con forma de acciones preferentes, que cotizaron durante años por debajo de su valor contable.

La nacionalización de la compañía de seguros AIG se haría una semana más tarde, el 17 de septiembre de 2008, por un exceso de apalancamiento en derivados financieros, los famosos CDS. Obligaron a la multinacional a desinflarse. Pasó por un fuerte proceso de reestructuración para captar efectivo y se dirigieron los esfuerzos del negocio en el núcleo de la actividad. Se acabó aquella obsesión con productos estrambóticos.

El estado culminó la privatización el año 2012 con un registro de 23.000 millones de dólares de beneficios, después de un gasto inicial de 155.000 millones a cuenta de los contribuyentes. La satisfacción con el resultado se ha visto en la bolsa, donde las acciones han doblado su valor en cuestión de dos años.

Los hedge funds esperan que Freddie Mac y Fannie Mae sigan la misma estela. Caída, recuperación y resurrección. Los resultados del último trimestre sugerían al gobierno que ofreciera una resolución, ya que registraron un beneficio global de 15.100 millones de dólares. El Departamento del Tesoro repetiría, éxito tras éxito, el proceso de privatización. Sin embargo, la cuestión no es técnica sino fundamental. ¿Es necesaria la presencia de instituciones privadas, que concentren el riesgo financiero nacional, y además que estén defendidas por el gobierno del país?

“Su reputación se ha vuelto demasiado tóxica para que continúen existiendo” recrimina el gestor de activos de Guggenheim Partners, Jaret Seiberg. El rescate, la intervención de las autoridades mediante dinero público, es un concepto que no gustó en su momento a los contribuyentes americanos. Lo mismo que ha ocurrido en España con la red de cajas vinculadas a las inversiones inmobiliarias, para las que se han hecho imposibles para sostenerlas.

En Estados Unidos, mientras esperan una resolución a la propuesta de ley que cuenta con un 23% de probabilidades de que se ejecute, se mantienen las visiones enfrentadas. Es un cara o cruz. Los gestores de fondos de inversión esperan incrementar rendimientos con el pellizco que se ha mantenido en la bolsa, con las participaciones preferentes y piden una oferta pública. Los contribuyentes, en cambio, no quieren negocios que juegan en el mercado liberal sólo cuando tienen las cartas buenas.

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