Daniel Kahneman y el sesgo de la representación

Tras el accidente de tren de alta velocidad de Galicia, el pasado verano, la seguridad ferroviaria pasó a ser la primera preocupación. Los medios de comunicación programaron continuamente las imágenes de un vagón saliendo de la vía. De manera que nos quedó grabado en nuestros cerebros e incrementamos mentalmente las probabilidades de sufrir un accidente de tren. Esto es lo que se conoce como sesgo de representación.

El psicólogo Daniel Kahneman recogió esta distorsión de la realidad y lo describió en el libro “Pensar rápido, pensar despacio”, la obra magna de la economía conductual. A partir de los estudios de Paul Slovic, Sarah Licthenstein i Baruch Fischhoff.

Según estos tres científicos, la mente humana adapta sus creencias en función de la información absorbida. La repetición de datos impacta en nuestra percepción del mundo. El engaño de la representación. Cuánto más información, más distorsionada es la realidad objetiva, que podemos obtener a través de la estadística.

Para demostrarlo, los psicólogos sometieron a distintos estudiantes a todo tipo de cuestiones. Cuando les preguntaron si era más probable morir de accidente que de derrame sanguíneo, el 80% escogió la primera respuesta. No obstante, la segunda es la causa del doble de muertos, cada año.

Los estudiantes también escogieron el efecto letal de los rayos y los tornados como causa de mortalidad frecuente. Así nos lo hacen creer los medios. Pero, hay más probabilidades de morir de una enfermedad que de un desastre natural. La muestra de personas justificaron como de equivocados estamos los humanos, en función del flujo de información que nos llega.

Antes de leer “Pensar rápido, pensar despacio” de Kahneman, en en una época de cambios profesionales aprendí a detectar como las noticias afectan al modo de percibir el mundo. Cuando trabajaba en el sector financiero cada día sabía qué banco se fusionaba y cuáles eran los movimientos corporativos de las grandes entidades financieras. El hecho de estar pendiente de la economía, día a día, me daba la sensación de que todo el mundo hablaba de lo mismo.

En realidad, era yo quien prestaba atención a un conjunto de palabras clave. El sesgo de la representación me afectaba. Mi escenario personal ahora ha cambiado y he hecho contactos en el sector de los medios de comunicación. Parece que las finanzas no tienen impacto en el mundo corriente. Los “colegas de trabajo” discuten sobre temas como es la crisis del periodismo o la política. La realidad es la misma pero mi entorno es completamente distinto.

Para saber más:

Poco a poco, la economía conductual se ha hecho un lugar entre las disciplinas que deben conocer los inversores. Algunos de los libros que me han llegado a mis manos son “Convencidos, pero equivocados: guía para reconocer espejismos en la vida cotidiana” de Thomas Gilovich y “Las Trampas del Deseo” de Dan Ariely

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