El modelo de la crisis, según Santiago Niño Becerra

El viernes 7 de octubre Santiago Niño Becerra innundó el salón de actos de la antigua Caixa Manlleu, dónde se presentó su libro “El crash del 2010”. Invitado por el Foro de Debates, el profesor nos expuso cuál es el futuro de la economía en los próximos años. Sin haber leído su obra, no sabía lo que me esperaba.

Pesimista, Becerra basó su charla en la relación entre el Producto Interior Bruto y la expansión del crédito internacional. Su preocupación: el crecimiento de las naciones y su evolución.

En los últimos cincuenta años, según el profesor, el crecimiento se ha basado en la deuda. El crédito de las familias, las empresas, las instituciones … Este modelo supo incorporar la mano de obra, que tenía su origen en el baby boom. Pero también se ha excedió en el consumo y en el uso del pasivo.

Después de la crisis, la economía se ajustará. Niño Becerra introdujo el concepto de geometría variable como la vía para adaptar el exceso de capacidad productiva. Con la vista puesta en el año 2020, será cuando las empresas usarán este modelo basado en establecer clusters de producción y enlaces mediante redes de coordinación.

En este futuro, la planificación tendrá un papel fundamental para las decisiones económicas, que deberían estar en manos de expertos de distintas disciplinas. No en la de políticos.

Niño Becerra, enamorado de su modelo

El profesor mediático estaba allí para hablar de su libro y de su modelo. La crisis financiera, culminada en 2008, abrió las puertas a los profesionales que querían explicar los “cómo” y “por qué”, desde diferentes perspectivas. La de Becerra, como la de Nouriel Roubini, critica el pasado del desenfreno y augura un futuro peor.

Su presencia convirtió “el debate” en un discurso. Becerra estaba allí para aleccionar, no discutir, a pesar de la larga lista de puertas abiertas que dejaba durante su discurso.

Para un público inexperto, amenizó la charla con una multitud de datos y gráficos – “que todo el mundo puede encontrar”. Nos explicó lo qué era la geometría variable – un modelo que presentó como nuevo, pero que tiene décadas de experiencia en distintas regiones del mundo – y habló de Fitch, de Goldman Sachs, de futuros y la OCDE. También generalizó en una larga lista de conceptos que tuvieron su pequeño momento de protagonismo durante la crisis.

Como he descubierto más adelante, Becerra desarrolló su charla como lo hace siempre. Primero, presenta los conceptos complicados para llegar a una conclusión. Después, lo explica detenidamente para que lo entiendan todos los mortales, dejando los resultados como definitivos e inamovibles.

Así lo hizo durante el debate. Y se olvidó de temas que son fáciles de identificar como la dimensión del sector público en España, y sus descomunales inversiones. Así como el papel de las cajas. Difícil de olvidar, sobre todo por la naturaleza del lugar donde ejercía sus dotes de comunicación (la antigua Caixa Manlleu).

Fue la primera vez, y seguramente la última, que vi a Santiago Niño Becerra en directo. Rápidamente lo comparé con David Copperfield, un gran prestidigitador de grandes espacios que exclamaba “humo humo humo”, cuando el tema era demasiado complicado. Así consiguió grandes ovaciones del público, vender más libros y firmarlos al final del acto.

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